21 Días de Promesas de Dios para tu Vida: Día 21 – Salmos 66:18-19 – Mar 23

«Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. Más ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica»

Dios no responde a los rebeldes

Es malo estar en problemas. Es peor estar en problemas y alejada de Dios.

Según el pasaje de arriba, si abrigamos actitudes pecaminosas en nuestras almas o nos entregamos voluntariamente a actividades pecaminosas, no debemos esperar que Dios responda a nuestras oraciones.

Esto no es porque Dios no nos ame; lo hace más de lo que nos damos cuenta. No es porque Dios no quiera ayudarnos. Anhela entregarse. Un Dios santo, sin embargo, no puede guiñar el ojo ante el pecado o mirar para otro lado. La intimidad con Dios requiere honestidad, humildad y pureza.

Intentar acercarnos a Dios sin abordar primero las formas en que lo hemos ofendido conscientemente es un ejercicio en vano. El pecado es el gigante en la habitación que debe ser reconocido y tratado. Una vez que hagamos esto, disfrutaremos nuevamente de una dulce comunión con Dios. Limpias y perdonadas, podemos estar seguras de que oye nuestras súplicas de ayuda.

La promesa de Dios para mí

No escucho las oraciones de aquellos que no han confesado el pecado en sus vidas.

Escucho las oraciones de los justos.

Mi oración a Dios

Señor, por tu Espíritu, dame la humildad de mirar mi vida con atención. Muéstrame cualquier actitud y acción equivocada que yo necesite reconocer, confesar y de la que tenga que arrepentirme.

Para más información, te invitamos a visitar nuestros enlaces:

MEDITACIÓN DIARIA