7 días para Orar: Día 3 – 1 Tesalonicenses 5:16-17 – Mar 22

Repensar la oración

Orar es ponerse en manos de Dios.

Muchos seguidores de Cristo luchan con tener una vida de oración decente. Puede ser difícil para nosotros porque nos enfocamos más en sí mismo en el acto de la oración, en vez de enfocarnos en Dios. Tener una maravillosa vida de oración no es la meta. Conectarse con Dios y crecer en intimidad con Él sí lo es.

Quizás este escenario es familiar: Empezamos a orar cuando la vida es difícil. Luego la vida se vuelve mas fácil, y no oramos tanto porque no necesitamos tanto a Dios. Pero, algo difícil se nos atraviesa en el camino y sabemos que necesitamos orar al respecto. Nos sentimos culpables porque no hemos orado en un tiempo y asumimos que Dios está enojado con nosotros. 

Es tiempo de repensar la oración. 

Pensemos en la oración a la luz de nuestras relaciones más cercanas. Podría ser un hermano o una hermana, nuestro esposo o esposa, o nuestro mejor amigo o amiga. Nuestra comunicación con ellos es fácil y natural. Quizás les enviamos un mensaje de texto, hacemos una llamada telefónica o les visitamos en persona. Algunas veces hacemos visitas largas y otras veces el mensaje es corto. Nosotros usualmente no comenzamos nuestras conversaciones con estas personas con algo así: «Querida Jenny, gracias por contestar mi llamada el día de hoy. Estoy emocionado de hablar contigo. Discutamos…» En vez de eso, tenemos una conversación continua que tiende seguir fluidamente a la siguiente. 

Si nosotros tratamos la oración como tratamos esa relación con aquellos que están mas cercanos a nosotros, la oración se entretejerá a lo largo de todas las áreas de nuestra vida. Va a conectar las partes que hemos desconectado de Dios. Será una conversación continua con Él, llena de momentos de gratitud, de orar por otros, e inclusive de compartir nuestras frustraciones. Y si esta conversación es continua, entonces ¿existe verdaderamente la necesidad de decir«amén»?

Esto no significa que no le mostramos el honor del cual Él es merecedor. Nosotros no nos dirigimos a Él con,«¡Ey compa!…¿qué tal?»No, nosotros vivimos nuestra vida de tal manera que Él es honrado y adorado y al hacer eso, nuestros encuentros con Él son mucho mas genuinos. A Él le preocupan menos nuestras palabras hacia Él y más el lugar de donde vienen esas palabras hacia Él.

Nuestra relación con Dios va a crecer mientras luchemos por tener una conversación continua con Él.Tanto las oraciones cortas como las largas tienen su lugar. Pero no podemos esperar llegar a conocerlo en un segmento de cinco minutos cada mañana.Tenemos que traerlo a nuestra vida diaria y permitirle soplar Su paz, esperanza, consuelo y guía a cada aspecto de ella.

Es tiempo de repensar la oración.

Reflexiona

  • ¿Tiendes a orar una vez o hablas con Dios a lo largo de tu día?
  • ¿Qué puedes comenzar a hacer para tener una conversación constante, una conversación diaria con Dios? (Recordatorios, alarmas, hacer oraciones por horas?)
  • Escribe cualquier revelación que Dios te hable por medio de la Lectura Bíblica de hoy o el devocional.

Citas Bíblicas para estudiar:

Efesios 6:18
Filipenses 3:10-11
1 Tesalonicenses 5:16-17

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA