¿A quién alcanzarás?: Día 1 – 1 Samuel 16:7 – Sep 23

El don de libre albedrío y nuestro destino eterno 

¿Los seres humanos somos seres eternos? ¿Qué nos pasa después de la muerte? ¿Dónde pasaremos la eternidad? ¿Existe un destino eterno para cada uno de nosotros? Y, si lo hay, ¿Qué o quién determina quién va a dónde? ¿Cuál es la base de tal decisión? ¿Dirías que te has hecho esta pregunta o que has escuchado a alguien plantearse estas mismas cuestiones al menos una vez en tu vida? Yo, ciertamente, lo he hecho.

En estos días, echaremos un vistazo al más allá. Para ayudarnos a responder estas preguntas, veremos más de cerca una historia cautivadora que encontramos en el evangelio de Lucas. En el capítulo dieciséis, leemos acerca de dos hombres que se encontraron en lugares opuestos después de su muerte, uno en el Hades y el otro al lado de Abraham: el cielo y el infierno.

Ambos llevaron vidas completamente diferentes: uno era rico y el otro, pobre. Uno pasó la mayor parte de su vida en banquetes, mientras que el otro estaba enfermo y mendigaba. Sin embargo, es esencial notar que ser pobre o rico no determinó por qué terminaron en el cielo o en el infierno. Jesús no condena al hombre rico por sus riquezas, ser rico no determinó su destino eterno; así como ser pobre y estar enfermo no determinó la estancia pacífica de Lázaro en el seno de Abraham.

Entonces, ¿qué determinó los diferentes destinos eternos? La historia de Jesús revela que el exterior puede ser muy diferente del interior (Proverbios 14:13; 1 Samuel 16:7). Como seres humanos, tendemos a centrar nuestra atención en el exterior. Sin embargo, la Biblia nos dice que Dios está interesado en lo que está sucediendo en nuestro ser más íntimo: Él mira nuestros corazones. Aunque podemos ser muy buenos para cubrir nuestro interior y ocultar nuestro verdadero ser a los demás, Dios conoce nuestro verdadero yo. Él nos conoce porque nos creó y puso eternidad dentro de nosotros.

A veces, no nos damos cuenta de cuán bendecidos somos por haber sido creados como seres que pueden elegir su destino por sí mismos: el don del libre albedrío. Pero, el hecho de que seamos libres para elegir no significa que seamos libres de las consecuencias de nuestras elecciones. Nuestras decisiones aquí en la Tierra tendrán un impacto directo y definitivo en nuestro destino eterno, así como en el futuro de aquellos que Dios ha puesto en nuestras vidas. Ellos, definitivamente, necesitan escuchar las buenas noticias del evangelio de Jesucristo. ¿Quiénes son esas personas que esperan que compartas el amor de Dios con ellos? ¿A quién alcanzarás? 

Citas Bíblicas para estudiar:

Lucas 16:19-31
Proverbios 14:13
1 Samuel 16:7

Amén

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