Atrévete a pedir: Día 2 – Eclesiastés 3:1 – May 3

En la meditación anterior hablamos sobre los sueños. Creo que nuestros sueños impolutos, las añoranzas que llevamos en el corazón, son puestas ahí por Dios. Ellos de alguna manera están entrelazados con nuestro destino. Son puestos ahí para ser realizados y formar parte de la esencia de quiénes somos. 

Al reconocer esto, es importante entender que la elección del momento es crucial.

Eclesiastés 3 está lleno de ejemplos de cómo “todo tiene su tiempo”. 

Hay diferentes temporadas en la vida, y a veces requiere que soltemos el sueño y que estemos preparados para la posibilidad de que nunca se realice. 

Juan 12:24 dice

“En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto.”

Recalco que hay una tensión con la que tenemos que aprender a vivir, a estar en paz con la posibilidad de que el sueño tal vez nunca tenga su cumplimiento, mientras que a la vez seguimos confiando en que Dios lo puso en nuestro corazón por una razón. Nuestros sueños y esperanzas para el futuro no son algo que obtenemos por derecho, son cosas que Dios puede utilizar para usarnos a nosotros y que se nos han sido dadas últimamente para Su propósito. Tenemos que aprender a vivir con una pasión de compromiso a invertir en nuestros dones y esperar que Dios nos dé las situaciones en donde podemos usarlos. Mientras tanto, es necesario sostenernos del Creador de nuestros sueños, y no de los sueños en sí. Tenemos que estar preparados a permitir que el sueño muera para que dé su fruto. 

El consuelo que tenemos durante estos tiempos en que soltamos los sueños y permitimos que mueran, es que nada es desaprovechado. Para lo que Él te está preparando, vale la pena esperar. Sabrás que cuando llegue el momento de moverte, cumplirás tu destino con mucha más autoridad y poder, a diferencia de si te hubieras brincado el paso de la espera.

El tiempo es un regalo. Es en la espera que perfeccionamos el arte del descansar y escuchar. Es un tema común para muchos de nuestros personajes favoritos de la Biblia. Moisés esperó 40 años en el desierto. Elías esperó al lado de un riachuelo por 3 años. Juan el Bautista pasó 30 años en el desierto esperando, aún Yeshua pasó 40 días en el desierto. Estas temporadas de espera nos preparan para lo que viene y nos fortalecen para el trabajo que nos espera con una precisión y autoridad que no estaría ahí sin la espera. 

¿Te atreves a pedir el tiempo de Él?

Citas Bíblicas para estudiar:

Eclesiastés 3
Juan 12:24

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA