Cómo redirigir nuestros caminos sin caer en las ansiedades

Nos pasamos media vida imaginando a dónde queremos llegar. Cuando somos pequeños nos preguntan qué queremos ser de mayores, cuando estamos en el colegio tenemos que empezar a escoger si queremos estudiar letras o ciencias y ya empezamos a soñar con quiénes seremos de mayores. 

Con quién viviremos, en qué ciudad o país, cuantos lugares conoceremos, si nos casaremos y tendremos hijos o no. Cuando nos hacemos un poco mayores tenemos que elegir si queremos seguir estudiando o no, cuál es nuestra meta. De nuevo, quién y qué queremos ser de mayores. 

Muchos de nosotros planificamos nuestra vida paso por paso, siempre sabemos lo que haremos después, cuál es nuestro objetivo final. Y, sin embargo, a veces la vida nos demuestra que no importa cuántos planes hagamos, porque pueden no salir cómo esperamos. Es más, puede que con el tiempo nuestra meta cambie y tengamos que aprender a redirigirnos

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Dedicarnos tiempo para pensar dónde queremos llegar al final

Saber cuáles son nuestras metas es un aspecto más importante de lo que podemos imaginar. Es verdad que, en ocasiones, podemos fijarnos un plan tan estricto que no seamos capaces de tolerar ningún imprevisto, lo cual no resulta muy adaptativo. 

Sin embargo, que necesitemos cierta flexibilidad no quiere decir que no podamos tener una meta claraCada uno de nosotros deberá decidir cuál es la suya. Para algunos de nosotros esa meta será haber sido una buena persona, para otros será tener una familia, para algunos la meta será lograr algo importante en su carrera y, para otros, vivir en la ciudad de sus sueños. 

Sea cuál sea, necesitamos una meta para poder empezar a movernos. Y es que, sin ella, muchas veces podemos llegar a quedarnos atascados y no saber cómo continuar. Una cosa especial de las metas es que pueden ir cambiando con el tiempo, por lo que tendremos que reevaluarlas y a nosotros mismos cada cierto tiempo

¿Estamos en un camino que nos acerca a la meta que queríamos? ¿Seguimos queriendo la misma meta? ¿sigue siendo esta una de nuestras prioridades o, aunque nos gustaría conseguirla, tenemos otras prioridades antes que esa? Respondernos a estas preguntas cada cierto tiempo nos ayudará no solo a evaluar nuestra evolución, sino también a no quedarnos atascados en algo que ya no queremos. Ya sea un trabajo, un estilo de vida o una relación. 

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Aprender a redirigir nuestro camino sin miedo ni ansiedades

En algunos casos, cuando tenemos una meta muy concreta, también tenemos unos pasos muy pormenorizados planeados para llegar hasta allí. Sin embargo, aunque nuestra meta no cambie, la vida siempre se presenta con imprevistos

Esto puede generarnos ansiedades y miedos si ponen en riesgo nuestro plan concreto. Sin embargo, debemos recordar que, para alcanzar la misma meta, existen muy diferentes caminos. De hecho, en ocasiones ese plan tan perfecto que trazamos en su momento, puede llegar un punto en el que únicamente nos esté alejando de la meta

Por ello, más que seguir un plan muy cerrado y limitado, es el momento de ir eligiendo nuestro camino poco a poco, según se nos van presentando las circunstancias de la vida, aceptando los imprevistos, y aprendiendo a redirigir nuestros pasos y aprovechar las oportunidades – y complicaciones – que se nos vayan presentando. 

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Esto no quiere decir que tengamos que perder de vista nuestra meta, pero sí que sepamos que podemos llegar a ella por muy diferentes caminos y que las no sabemos lo que nos aportarán y enseñarán las nuevas oportunidades que se nos presentan en la vida. Nosotros cambiamos, nuestra vida cambia y nuestras metas y caminos también

Disfrutar del camino

Y por el camino, lo único que nos queda es disfrutar. Porque sí, el destino es importante. Pero una vez que lleguemos allí lo único que recordaremos es cómo lo hicimos, así que mejor si lo disfrutamos y nos divertimos mientras tanto. 

En ocasiones, de hecho, es el camino quien más te enseña, y si cierras demasiado tus oportunidades y opciones, puedes estar perdiéndote mucho sobre ti mismo. No sabemos dónde vamos a estar cuando lleguemos a la meta ni que nuevas perspectivas u objetivos tendremos entonces. 

No sabemos si dentro de unos meses querremos cambiar nuestro objetivo, así que lo único que nos queda es disfrutar del ahora. En ocasiones, cambiar de dirección es la única manera que tenemos de llegar a donde queríamos desde un principio. 

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