Compartiendo mi Fe: Día 3 – Santiago 5:16 – Ago 7

Compartir la fe con mi familia puede ser difícil

Podemos estar entusiasmados por compartir nuestra fe con nuestra familia y amigos. De todas maneras, eso no significa que ellos sientan lo mismo por escucharnos. A menudo, compartir nuestra fe con aquellos más cercanos a nosotros puede ser lo más difícil de hacer. Debemos manejar nuestras expectativas a la luz de la Palabra de Dios. Aun el Señor Jesús sabía que esto podría llegar a pasar. Él dijo que no había profeta sin honra, sino en su propia tierra y con su propia familia. Muchas veces, aquellos que están más cerca de nosotros son quienes menos quieren escuchar lo que tenemos que decir. Esto no tendría que sorprendernos o desanimarnos más de lo debido. 

Por ejemplo, puede ser difícil para una madre o un padre escuchar a su hija o hijo hablarles de algo que requiere que cambien en lo que deben creer. Es difícil para ellos ver que sus hijos se convirtieron en personas que les pueden decir lo que deberían hacer. De la misma manera, a una hermana o un hermano le puede costar escuchar a otro de sus hermanos o hermanas hablarles fuera del contexto familiar, ya que los han conocido toda su vida. Por esa razón, no nos tiene que sorprender que testificarle a nuestra familia puede llegar a ser la forma de evangelización más difícil que tengamos que hacer en nuestras vidas.

Nuestros familiares y amigos nos han conocido por mucho tiempo. Nos han visto en nuestros mejores y peores momentos. No siempre nos tomarán en serio. Y, aunque esto sea cierto, no debe desalentarnos por completo. Aquí es donde la oración y el poder del Espíritu Santo son más necesarios que nunca. Dios sabía que nuestra familia se sentiría así. Sin embargo, Él nos prometió que si creíamos, veríamos a nuestros seres queridos llegar a la salvación. Necesitamos recordar siempre que Cristo, su Palabra, y su Espíritu Santo están siempre de nuestro lado.

Aun si sentimos que nuestros familiares nos han cerrado la puerta para predicarles y no quieren escucharnos más, necesitamos continuar orando por ellos. La Biblia nos promete que la oración de un justo puede mucho. Dios puede usar a otra persona para hablarles a nuestros seres queridos o puede hacer que sus circunstancias cambien de una determinada manera de modo que los anime a querer escuchar acerca del Señor. Dios puede cambiar cualquier corazón endurecido. Solo debemos creer.

Citas Bíblicas para estudiar:

Proverbios 21:1
Mateo 13:57
Marcos 6:4
Hechos 16:31
Santiago 5:16

Amén

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