Corazones que se esconden – Isaías 1:16-17 – Ene 5

Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda…

El pecado hace que tu corazón se enfríe, entonces te endurece el corazón. Otra cosa que hace el pecado es que hace que nos escondamos. En lugar de abrazar a Dios y a los demás, nos escondemos.

El pecado te aísla. Es mucho más fácil, con algunos pecados, pecar en soledad que pecar en grupo. El pecado te lleva a la oscuridad. Es mucho más fácil pecar a medianoche que pecar al mediodía. Conduces por lugares pesados ​​de la ciudad que son lugares sórdidos, denigrantes y terribles. Y durante el día, se ven como un basurero, pero por la noche, se ven diferentes. Pensamos, bueno, ahora que está oscuro, tal vez podamos entrar y nadie lo sabría. Nos da un corazón duro. Nos da un alma fría. Nos escondemos en lugar de abrazar a Dios y abrazar a los demás.

Cuando estás solo, el enemigo viene y te saca de tus rodillas. Cuando estás en un lugar oscuro, él viene y te quita la vida. Dios, por el contrario, quiere llevarnos a la luz y a la comunidad del pueblo de Dios.

Isaías cuenta la visión sobre el pueblo de Judá y Jerusalén. Pecaban contra el Señor, y lo sabían. ¿Entonces, qué hicieron? Comenzaron con sus propias obras. Intentaron deshacerse de su culpa y problemas haciendo sacrificios al Señor. Pero Isaías 1:11 nos muestra lo que el Señor pensó acerca de sus esfuerzos. Eran inútiles y detestables.

El pueblo de Israel había dicho algo parecido a: «Vamos a ir más a la iglesia. Tenemos un problema cardíaco, así que intentemos hacer algunas cosas espirituales». Todos hemos vivido la fachada antes. Fingimos cuando sabemos que nuestros corazones son fríos y duros.

Pero Dios dice: «No, no, no, no, no. No estoy pidiendo tu exterior. Estoy pidiendo tu interior. Quiero hacer una diferencia en quién eres, porque quién eres afectará lo que haces». Dios quiere calentar y ablandar nuestros corazones palpitantes. Él quiere llevarnos a la luz y a la comunidad del pueblo de Dios. Y luego, quiere que nos llenemos de vida y amor, para que el amor pueda convertirse en la base de nuestras acciones.

Señor, no me dejes esconder. Haz que mi corazón sea saludable.

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