El Perdón Renueva: Día 6 – Efesios 4:32 – Sep 8

Perdonémonos unos a otros

Perdonar puede ser complicado si te detienes mucho a pensar en tus razones para mantenerte ofendido. Si justificas tu punto de vista o escuchas a personas que insisten en que no debes perdonar, puedes estancarte. A veces el punto de vista de familiares cercanos o amigos que te aman puede distorsionar todo aquello que, por la naturaleza que portas, está vigente en ti.

¿A quién escuchar? Parece fácil, sabemos que debemos escuchar a Dios y lo que dice su Palabra. Sin embargo, cuando vienen personas que dicen que «hablan de parte de Dios» y te aconsejan lo contrario a lo que la Palabra dice, (cosas como «no te dejes, Dios dice que seamos mansos, pero no mensos») ponen en boca de Dios, con autoridad y convicción, lo que Dios no ha dicho. Vienen totalmente equivocados y pueden hacer que nos desviemos de lo que realmente Dios ha dicho.

¿A quién escuchar? Lo más seguro, es ir a la Palabra. Pablo dejó registrado en la carta a los efesios un principio: «perdonándoos unos a otros». No dijo perdonando si no fue grave la ofensa. Tampoco dijo, perdona si es la primera vez que te ofende. Mucho menos mencionó que solo puedes perdonar si no ha repetido la falta. Lo que sí enfatizó es: «como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo». Entonces, el parámetro es claro, no está ni en la ofensa ni en la otra persona. El parámetro del perdón de Dios es «en Cristo». Cristo, Quien nos perdonó. Cristo, Quien no vio su propio dolor. Cristo, Quien no tomó en cuenta nuestras ofensas. Cristo, Quien nos perdonó a pesar de todo. En Cristo tenemos la victoria completa para perdonar.

Nos dio un perdón tan real y abundante que transformó nuestra eternidad. ¡Vaya perdón! Sin embargo, puedes encontrar todavía excusas… pero eso ya depende de ti. Depende de decidir rendirte ante Dios en esa área y reconocer que no puedes seguir apoyándote en tu orgullo y en tu razón. Cristo ya hizo todo lo que era necesario para que el perdón fuera real para ti también. Ahora, depende de que te apropies de ese perdón y comiences a entregarlo generosamente a los demás. 

¿Perdonar a tu cónyuge? Sí. ¿Perdonar a tu suegra? Sí. ¿Perdonar a tus padres? Sí.

Ninguna persona que te haya ofendido debe quedar sin tu perdón. 

Reflexionemos

¿Perdonaste?

Citas Bíblicas para estudiar:

Efesios 4:32

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA