Enemigos del Corazón: Día 5 – Santiago 4:3 – Sep 1

Llevando tus deseos a Dios

Santiago 4:1-3

Cada enemigo del corazón es energizado por la idea de que alguien posee algo. La culpa dice: «Te debo». La ira es alimentado por la noción de que me lo debes. La codicia se mantiene viva por la suposición de que me lo debo. Este cuarto problema del corazón no es diferente. Envidia. La envidia dice: “Dios me lo debe”.

Cuando pensamos en los celos o la envidia, inmediatamente pensamos en las cosas que otros tienen y que nosotros carecemos: apariencia, habilidades, oportunidades, salud, altura, herencia, etc. Asumimos que nuestro problema es con la persona que posee lo que nos falta. Pero seamos sinceros; Dios podría haber arreglado todo eso para nosotros. Lo que sea que le haya dado a tu vecino, también podría habértelo dado a ti. Es por eso que puedes sentir por dentro que Él te lo debe.

Los celos pueden aterrorizar tu vida y causar estragos en tus relaciones. La buena noticia es que este gigante, como los otros tres, tiene una vulnerabilidad. Y es algo que quizás no esperes: deja de codiciar lo que otros tienen y comienza a pedirle a Dios lo que Él sabe que es lo mejor para ti.

Como dice Santiago, nuestros conflictos externos son el resultado directo de un conflicto interno que ha salido a la superficie. Queremos algo pero no lo tenemos, así que nos peleamos con otros. Los deseos a los que Santiago se refiere en este pasaje representan sed insaciable: nuestra sed de cosas, dinero, reconocimiento, éxito, progreso, intimidad, sexo, diversión, vínculo, relaciones.

Entonces, ¿qué hacemos con los deseos y apetitos que nunca se pueden satisfacer por completo? Santiago dice que los llevamos a quien los creó en primer lugar. Es decir, Santiago nos está dando permiso para derramar nuestros corazones en una conversación sin filtro con nuestro Creador.

Cada preocupación que tengas, grande y pequeña, es importante para el Padre porque  eres importante para el Padre. Ya sea si se trata de tu vida amorosa, tu carrera, tu matrimonio, tus padres, tus hijos, tus finanzas, tu educación o tu apariencia, tráelo a Él. Y sigue llevándosela hasta que encuentres la paz para levantarte y enfrentar el día, confiando en el conocimiento de que Él se preocupa por ti.

Déjame asegurarte que tu corazón siempre será preciado para Él.

¿Por qué te duele el corazón? Pasa un tiempo en una conversación totalmente libre y desinhibida con Dios sobre lo que sientes que te falta. Pídele que te bendiga de la manera que Él sabe que es mejor, y que te revele Su amor en el camino.

Citas Bíblicas para estudiar:

Santiago 4:1-3

Amén

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