Giros Inesperados: Día 4 – Filipenses 1:6– Ene 20

Día 4 – Zapatos rotos

“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”

¿Alguna vez has estado en algún lugar y se te han roto los zapatos? A mí me ha ocurrido en tres ocasiones. La primera fue en el trabajo. Para esa época trabajaba con zapatos altos. Iba caminando y de momento ¡zas! Se me rompió el zapato. Tuve que colocarle cinta adhesiva alrededor del área afectada y trabajar así durante todo el día.

La segunda vez me ocurrió en la boda de una amiga. Ese día estaba acompañada por otra amiga. Llegamos temprano a la iglesia. Cuando estaba sentada me percaté de que había dejado la cámara fotográfica en mi auto, así que salí a buscarla y ¡zas! Se me rompió el zapato. Llamé a mi amiga, la que me acompañaba, le dije lo que me pasó y nos fuimos en busca de una tienda de zapatos. Lo más cercano era un centro comercial donde sus tiendas son un poco más costosas de las que acostumbro a visitar y mi pensamiento fue: ¿cuánto me saldrá un par de zapatos en este lugar? Entramos a la primera tienda que encontramos, ¿cuál fue nuestra sorpresa? Encontré los zapatos que combinaban a la perfección con mi ropa y tenían un porcentaje de descuento, así que me salieron bien económicos. Incluso mi amiga aprovechó el especial también ja, ja, ja y llegamos a tiempo a la boda.

La tercera vez fue hace poco. Era domingo, día de ir a la iglesia. Me tocaba comunicar los anuncios. Así que me arreglé con esmero porque el servicio lo muestran en vivo por las redes sociales, por lo cual debía estar presentable. Al llegar una de las hermanas de la iglesia me dijo que me veía hermosa y yo muy agradecida de sus palabras. Entré y cuando iba hacia mi asiento ¡zas! Se me rompió el zapato. Tuve que dejar instrucciones para que alguien más diera los anuncios, ir a mi casa y ver el servicio por internet. 

Algo similar nos puede ocurrir en nuestro caminar como cristianos. Caminamos muy seguros de nuestras vidas en el Señor y ¡zas! Llega algo o alguien que te quiebra esa seguridad que tenías. Te rompe tu zapato. ¡Qué bueno que tenemos a Dios! Nuestro zapatero por excelencia. Pero Él no nos arregla el zapato, Él nos hace uno nuevo.

Hoy te invito a que no te quedes con ese zapato roto para buscar cómo arreglarlo o remendarlo. Bota ese zapato y ve a la presencia de Dios para que te haga uno nuevo, a la medida y de una calidad que no tiene comparación aquí en la Tierra.

Deshazte de tu zapato roto. ¡Aleluya!

Citas Bíblicas para estudiar:

Filipenses 1:6

Amén

Para más información, te invitamos a visitar nuestros enlaces:

MEDITACIÓN DIARIA