Hablemos sobre: EL DENGUE

View of a doctor holding a fictional test tube blood sample, infected with dengue virus.

El dengue es una patología infecciosa de causa viral considerada una enfermedad tropical. Se transmite por la picadura de la hembra de un mosquito hematófago (que se alimenta de sangre), conocido popularmente como zancudo patas blancas, y cuyo nombre científico es Aedes aegypti. Este mosquito vive principalmente en hábitats urbanos y cumple parte de su ciclo vital en reservorios de agua artificiales como floreros, estanques, neumáticos abandonados, etcétera. Pica al hombre principalmente durante el día, aunque puede hacerlo también por las noches si se deja alguna luz encendida en el interior de la casa.

Existen otros tipos de mosquitos Aedes capaces de transmitir el virus aunque de forma menos eficiente. El más importante de ellos proviene de Asia y se llama Aedes albopictus, también conocido como mosquito tigre. Este mosquito se ha adaptado a vivir en climas más fríos que el Aedes aegypti, por lo que se puede encontrar fuera del trópico en muchos países europeos, en Estados Unidos y en Canadá.

Es importante señalar que el virus NO se transmite por el contacto con otra persona enferma.

Se estima que se producen entre 50 y 100 millones de casos de dengue al año en el mundo

Existen cuatro serotipos de virus del dengue designados con las abreviaturas DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4 que son causantes de dos tipos de cuadros clínicos: la fiebre por dengue, que es el cuadro clínico habitual, anteriormente conocido como dengue clásico; y el dengue hemorrágico o fiebre hemorrágica por dengue, que es menos frecuente pero mucho más grave. La Organización Mundial de la Salud prefiere que al dengue hemorrágico se le conozca como dengue grave. Los pacientes infectados por uno de los cuatro serotipos del virus quedan inmunizados frente a ese tipo de dengue, pero sólo temporalmente (unos 2-12 meses) frente a los otros tres. De hecho, existe más riesgo de desarrollar un dengue hemorrágico si se produce un nuevo episodio de dengue por otro serotipo diferente al primero.

El síndrome febril causado por la infección del virus del dengue suele ser de severidad variable y la afectación al estado general es con frecuencia tan intensa que se le conoce también como la fiebre rompehuesos.

Prevalencia y regiones afectadas

Desde el punto de vista epidemiológico, las principales regiones donde se encuentra esta infección son países de Latinoamérica y el Sureste de Asia, sin embargo también hay muchos casos en África, algunas zonas de Arabia, del Pacífico Sur, Puerto Rico y otras regiones tropicales y subtropicales. Según datos de la Sociedad española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), más del 70% de la carga de morbilidad por dengue se concentra en Asia Sudoriental y en el Pacífico Occidental.

Según datos de la OMS, el 40% del mundo está en riesgo de contraer dengue Se estima que se producen entre 50 y 100 millones de casos de dengue al año en el mundo. Sin embargo, el dengue es una infección muy poco conocida en Estados Unidos o Europa. En estas regiones se suelen diagnosticar casos importados en viajeros procedentes de regiones tropicales, aunque ya se han descrito casos autóctonos en países europeos como Francia o Croacia, transmitidos probablemente por Aedes albopictus (mosquito tigre).

Síntomas del Dengue

Los síntomas del dengue se inician después de un período de incubación que puede variar de cinco a ocho días tras la picadura del mosquito. Habitualmente cursa con fiebre alta que se inicia de forma repentina y se acompaña de dolor de cabeza intenso, dolor alrededor de los ojos y detrás de los globos oculares, cansancio y dolor en músculos y articulaciones.

Al tercer día de la fiebre, muchas veces aparece un exantema por el cuerpo, es decir, una erupción generalizada de color rojizo, que dura unos dos o tres días. También puede haber náuseas, vómitos, pérdida del apetito o dolor de garganta. La fiebre usualmente dura hasta una semana y suele ser intermitente. Una fiebre que dura más de 10 días no suele ser por dengue. En ocasiones, al disminuir la fiebre, aparece un segundo exantema cutáneo que dura entre uno y cinco días y desaparece con descamación de la piel. Tras la desaparición de los síntomas puede persistir el cansancio, a veces junto con depresión, durante muchas semanas.

Algunas personas después de la fiebre inicial pueden tener síntomas más graves característicos del dengue hemorrágico, llamado así por las manifestaciones hemorrágicas que tienen los pacientes. Pueden tener sangrado por la encías, hemorragias por el tubo digestivo o sangrado por la orina. Son características la aparición de petequias o púrpura, que son erupciones en la piel como puntitos rojos o placas rojizas causadas por un aumento de la permeabilidad de los capilares, produciéndose la salida de glóbulos rojos a través de la pared de los mismos. Cursa con dolor abdominal, vómitos persistentes y respiración acelerada. Sin tratamiento, evoluciona a shock con disminución de la presión arterial y en ocasiones la muerte.

En general, el dengue es una enfermedad autolimitada con una mortalidad menor del 1%. El dengue hemorrágico tiene una mortalidad con tratamiento del 2-5%, pero sin tratamiento puede ser mortal hasta en el 50% de los casos.

Diagnóstico

Lo más importante para poder hacer un diagnóstico de dengue es la clínica del paciente, interrogarle sobre viajes a zonas endémicas y exposición a picaduras de insectos. También es fundamental descartar otras enfermedades tropicales, principalmente la malaria o paludismo.

Una prueba que se utiliza en ocasiones para evaluar a los pacientes con sospecha de dengue es la prueba del lazo o prueba del torniquete, que mide de manera indirecta la fragilidad de los pequeños vasos sanguíneos (capilares). Consiste en colocar en el antebrazo del paciente un torniquete o el manguito del tensiómetro a una presión media durante cinco minutos, si transcurrido este tiempo el paciente tiene más de 30 puntitos rojos (petequias) alrededor de la zona de presión se considera una prueba positiva y puede ayudar al médico a confirmar la sospecha de dengue.

Inicialmente se suele hacer un análisis de sangre llamado hemograma para ver los glóbulos blancos, los glóbulos rojos y las plaquetas. En los pacientes con dengue es característico ver una disminución de los glóbulos blancos (leucopenia) y de las plaquetas (trombopenia). También es importante determinar el hematocrito, que es el porcentaje del volumen de la sangre que está compuesta por glóbulos rojos. Si el hematocrito se eleva se llama hemoconcentración, que es un signo de deshidratación del paciente y de salida de líquidos de los vasos por aumento de permeabilidad de los capilares, lo que puede ser indicativo del inicio del dengue hemorrágico. En el análisis de sangre también se puede ver una elevación de las enzimas hepáticas conocidas como transaminasas y, especialmente en el dengue hemorrágico, una alteración en las pruebas de la coagulación de la sangre.

Entre el día 1 y 5 de la aparición de los síntomas, se pueden realizar dos tipos de pruebas para detectar el virus circulando por la sangre. En primer lugar, se puede diagnosticar el dengue mediante un test rápido que detecta antígenos del virus en la sangre. El resultado se tiene en menos de una hora. Sin embargo, esta prueba sólo suele estar disponible en centros especializados. También se puede detectar el material genético del virus, pero es una prueba cara y poco accesible en la práctica clínica habitual.

Habitualmente se realizan los llamados test de serología, que miden en el suero del paciente los anticuerpos dirigidos frente al virus del dengue. El resultado suele ser positivo tras los primeros 3-5 días del inicio de la fiebre. Se pueden realizar los anticuerpos del tipo IgM que se forman en la fase aguda de la infección, por lo que son muy útiles para el diagnóstico, y anticuerpos del tipo IgG, que se forman en la fase de convalecencia, y que pueden diagnosticar la enfermedad una vez pasada.

Tratamiento

No existe ningún medicamento en la actualidad dirigido a combatir el virus del dengue, por lo tanto sólo se puede realizar un tratamiento para aliviar los síntomas. Entre ellos, para la fiebre se puede administrar paracetamol (acetaminofén), nunca hay que tomar aspirina (ácido acetilsalicílico) ni otros analgésicos del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos tales como el ibuprofeno, pues pueden aumentar el riesgo de manifestaciones hemorrágicas.

Para evitar la deshidratación se debe tomar abundantes líquidos y guardar reposo en cama.

Si el paciente tiene manifestaciones de dengue hemorrágico, debe acudir a un centro hospitalario, ya que probablemente necesite fluidos por vía endovenosa, e incluso podría requerir la administración de concentrado de plaquetas o de transfusiones de sangre si existen pérdidas importantes de la misma.

Se debe, además, vigilar de cerca los signos vitales como el pulso, la frecuencia cardiaca y la presión arterial para determinar cualquier signo de shock.

Si a la vuelta de tu viaje a una zona con riesgo endémico de dengue te encuentras mal, y tienes algún síntomas sospechoso como fiebre alta, lo recomendable es acudir a tu médico o, si existen en tu ciudad, alguna unidad especializada en Medicina Tropical donde deberás dar detalles al especialista para ponerle sobre la pista, tal y como recomiendan desde la Sociedad española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. 

Prevención

No existen vacunas profilácticas contra el virus del dengue y las personas que ya han tenido la infección pueden volver a contraer la enfermedad si son picados de nuevo por un zancudo portador del virus.

Las recomendaciones para no contraer la infección están dirigidas principalmente a evitar la picadura del mosquito, para lograr esto, en el caso de las personas que habitan de forma regular en áreas endémicas (regiones donde esta enfermedad es relativamente frecuente), deben procurar interrumpir el ciclo reproductivo del zancudo eliminando los lugares donde pone sus huevos, principalmente los reservorios o acúmulos de agua que puede haber en las casas o en los alrededores.

Igualmente deberán cambiar frecuentemente el agua de los bebederos de animales y floreros, tapar los recipientes con agua, y colocar tela metálica en las ventanas y puertas.

Si una persona desea viajar a un lugar endémico o con brotes activos, estas son algunas recomendaciones a seguir para prevenir un contagio de dengue:

  • Utilizar ropa que le proteja frente a las picaduras, como pantalones largos y camisas de manga larga. Hay que evitar el uso de perfumes y de ropas de colores oscuros o chillones.
  • Se recomienda utilizar insecticidas repelentes en la piel, como el DEET (N,N-dietilmetatoluamida).
  • Emplear repelente en spray que contenga permetrina para la ropa, ya que los mosquitos pueden picar incluso a través de ésta.
  • Es imprescindible el uso del mosquiteros, o pequeños toldillos, especialmente en las camas, sitios donde haya pacientes infectados y zonas donde duerman niños, así como en puertas y ventanas para evitar que el mosquito entre en la casa.
  • Por lo general, según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), no hay riesgo de dengue en altitudes superiores a 1.500m.
  • Evitar pasear por zonas o terrenos donde haya acúmulos de agua estancada, sobre todo durante el amanacer y el anochecer, que son las horas de mayor actividad de estos mosquitos.

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