La dulzura de Jesús te levanta – Isaías 42:1-3 – Dic 17

Jesús dice en Su Palabra: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29).

Adolphe d’Houdetot lo expresa muy bien: “La verdadera humildad no queda en el olvido; se parece a esa flor de primavera que uno encuentra escondida bajo la hierba, y que extiende su olor a lo lejos”. La humildad es la verdadera belleza del alma. La humildad y la dulzura no hacen grandes aspavientos. Permiten encontrar el descanso, contrariamente a la cólera y al orgullo, los cuales agotan el alma.

El mejor maestro de la humildad y la dulzura es Aquél que mejor las encarna. He aquí lo que Dios dice de Jesús: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia” (Isaías 42:1-3).

Jesús no grita, no busca hacerse oír por la fuerza. Él es dulce, y no te lastima, al contrario: te restaura, restaura tu alma. No apaga la mecha que humea todavía…Y si todo lo que te queda hoy es simplemente un corazón que late, aún hay esperanza para ti. Dios siempre puede hacer algo bello contigo.

Hoy Él te levanta con dulzura y te restaura. El castigo que te da la paz cayó sobre Él, ya no tienes nada que temer.

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