La Genialidad de la Generosidad: Día 4 – 2da Corintios 8:2-4 – Jun 19

«…que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos».

La generosidad es progresiva. Comienza con lo básico: dar lo primero y lo mejor, y dar de manera regular y sistemática. Luego procede a un entendimiento de la proporcionalidad: dar de acuerdo con el nivel en el que Dios te ha bendecido materialmente. Pero aún más significativo es el corazón detrás del regalo.

Verás, la verdadera generosidad está formada por una relación especial entre el sacrificio y la adoración. Esa es otra razón por la que la generosidad es tan gran idea. Se trata de nuestro amor por Dios. Es un acto espiritual de adoración racional y voluntario. Alcanza profundidades más y más grandes en nuestras vidas, reflejando una relación madura y alegre con nuestro Padre Celestial.

Esta generosidad amorosa se mostraba claramente en el Nuevo Testamento. Pablo escribió un poco sobre cuán generosas eran ciertas iglesias, no para impresionar a nadie sino para estimular a otros a una mayor devoción. En 2 Corintios 8-9, Pablo escribió del sacrificio en el dar de las iglesias de Macedonia.

En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad. Soy testigo de que dieron espontáneamente tanto como podían, y aún más de lo que podían, rogándonos con insistencia que les concediéramos el privilegio de tomar parte en esta ayuda para los santos. (2 Corintios 8:2-4)

La vida fue dura para estas iglesias en Macedonia. Estaban en «extrema pobreza». Pero se enteraron de que sus hermanos judíos padecían una hambruna y querían dar. Nadie los obligó ni los hizo sentir culpables. Voluntariamente hicieron sacrificios y lo consideraron un privilegio. Estos creyentes, que no tenían mucho, dieron a otros creyentes que tenían aún menos. Les costó algo; se pusieron en riesgo. Ese es un gran ejemplo de verdadera generosidad y sacrificio.

Solo puedes dar de esa manera cuando entiendes que “tus” posesiones son de Dios y las sostienes con manos abiertas. 

Podemos dar en una manera que no nos afecte. Nuestro estilo de vida no se ve impactado, nuestros planes no son alterados, y todavía podemos comprar cualquier cosa que íbamos a comprar. Eso aún cuenta como dar (y puede ser considerado como algo “generoso”) pero no es sacrificial.

Cuando damos generosamente, nos tiene que costar algo. Pero el sacrificio no debe surgir solamente como una “reacción”, como respuesta ante una gran necesidad o una presión. De lo contrario, es un estilo de vida. 

Amén

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