Libérate de la Ansiedad: Día 3 – Juan 4:13-14 – May 1

«Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna»

El regalo del agua

Jorán era el rey de Israel en Samaria y aunque no adoraba al falso dios Baal como lo hacía su padre Acab, seguía siendo un rey malvado. Jorán le declaró la guerra a Moab por unos corderos y lana, y para reforzar sus posibilidades de éxito militar organizó una alianza con Judá y Edom. A pesar de la reputación de Jorán, Josafat, rey de Judá, se unió a la alianza sin buscar la sabiduría de Dios ni consultar al profeta Eliseo. Solo después de que la coalición deambuló perdida en el desierto de Edom durante siete días y casi murió de sed, buscaron la ayuda de Dios por medio del profeta. Eliseo les dijo que Dios proveería milagrosamente. De la noche a la mañana, sin viento ni lluvia, Dios llenó de agua el valle seco y trajo confusión y finalmente derrotó a los moabitas. Esta provisión recordaba un incidente anterior en el desierto de Horeb donde Dios había rescatado milagrosamente a su pueblo haciendo que el agua fluyera de donde no había nada (Éxodo 17.6).

Muchos años después, por medio de su Hijo proveyó un agua de mejor calidad que servía para dar vida. Jesús ofrece agua viva al pueblo de Dios. En Cristo, las almas sedientas pueden ser satisfechas y los pecados pueden ser borrados (Juan 4.7-14). En él, una fuente fluye por siempre con vida (Apocalipsis 22.1).

Jesús, gracias por proveer milagrosamente, aun cuando he seguido obstinadamente mi propio camino y me he salido del sendero. Ayúdame a mantenerme en el rumbo, dependiendo diariamente de tu agua viva. Amén.

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