Padres Alcohólicos: El efecto en la vida de sus hijos

Convivir con un padre alcohólico o una madre alcohólica marca profundamente a los hijos. Las secuelas, si no se le pone remedio, pueden durar toda la vida.

El alcoholismo es un grave problema social que, en todo el mundo, afecta a millones de personas. Es una enfermedad que causa estragos tanto en la salud de quien la padece como en la vida de las personas de su alrededor.

Aún hoy en día, se presta muy poca atención a este gravísimo problema que provoca, de forma directa o indirecta, miles de muertes al año. En muchos sectores de la sociedad, se sigue normalizando el consumo exagerado de alcohol y haciendo la vista gorda cuando el problema está dentro de casa.

Como suele suceder, los niños son los que más sufren las consecuencias de tener padres o madres alcohólicos y, a menos que exista una situación de maltrato extremo, no se les suele prestar atención u ofrecer ayuda. Sin embargo, la convivencia diaria con una persona que, habitualmente, llega bebida a casa, secuelas en la personalidad de los pequeños.

Un dato muy habitual. que recogemos los psicólogos en las primeras entrevistas con adultos que acuden a terapia, es el consumo de alcohol por parte de alguno de los progenitores. A pesar del tiempo transcurrido (a veces de décadas), los recuerdos y los efectos de este problema siguen estando muy presentes en sus vidas.

A modo de estadística particular, puedo mencionar que el 50% de las personas que actualmente están trabajando conmigo, han sufrido el alcoholismo de alguno de sus padres.

Cómo afecta a la salud mental tener padres alcohólicos

En este artículo quiero repasar algunas de las secuelas que deja el alcoholismo de los padres en sus hijos. No se trata de un caso concreto, sino de generalidades que he ido recopilando tras trabajar, en terapia, con cientos de adultos afectados por este problema.

  • Estado de alerta constante

Los hijos de alcohólicos siempre permanecen alerta. Se pasan la infancia atentos a si su padre o su madre llegan bien o mal. También se muestran incapaces de bajar la guardia porque, cuando el progenitor llega bebido, deben activar todas las alarmas para evitar ser maltratados.

  • Miedo

La mayoría de estos niños viven una niñez repleta de escenas de violencia verbal o física. En sus casas suelen ser frecuentes las discusiones y las peleas entre sus padres.

En casos extremos, presencian agresiones y golpes a su madre, a sus hermanos, o los sufren ellos mismos. Ante todas estas situaciones, los niños viven aterrados, con un miedo real y constante a que su padre le agreda o, peor aún, que pueda matar a su madre.

  • No molestar

Suele ser habitual que estos niños interioricen un patrón de no molestar para no enfadar y provocar la ira de su padre. Saben que lo mejor forma de proceder, cuando su padre o su madre llega borracho/a, es permanecer en silencio y no hacer nada que pueda importunarle.

  • Evitar los conflictos

Relacionado con el punto anterior, también aprenden a evitar entrar en discusiones. La mejor manera de no provocar a su padre o madre es no protestando y dejando pasar los problemas. Esto será también lo que aprendan de niños y lo que apliquen en su vida adulta.

  • Responsabilidad prematura

Todas estas circunstancias mencionadas provocan que estos pequeños deban madurar antes de tiempo. Desde muy niños, estas personas han de dejar sus juegos y amoldarse para sobrevivir en un mundo con problemas adultos.

Qué se puede conseguir con terapia

Trabajando, en terapia, se puede liberar el peso de estas terribles infancias marcadas por el alcoholismo. De forma resumida, estos son los objetivos que nos marcamos:

  • Recuperar la alegría por vivir

Por muy duras que hayan sido las circunstancias, siempre se puede recuperar la ilusión por vivir y por disfrutar de todas las cosas buenas. Si se trabaja, este pasado traumático puede dejar de determinar el presente y el futuro.

  • Dejar de percibir el mundo como algo peligroso

Por supuesto, existen problemas y situaciones difíciles en la vida, pero hay que saber reconocerlas y tratarlas en su justa medida. Los problemas no pueden dominar todos los pensamientos e impedir disfrutar de todo lo bueno y positivo.

  • Ser uno mismo

Tras años de vivir tan pendiente de los demás para poder sobrevivir, la persona trabaja para recuperarse a sí misma y convertirse en el centro de su vida.

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