¿Por qué es tan difícil perdonar?: Día 4 – Juan 8:11 – Jul 12

La mujer sorprendida en el adulterio

Un día, cuando Jesús estaba enseñando en los atrios del Templo, los líderes religiosos y los maestros llevaron a una mujer a Jesús a causa de su pecado. Le dijeron a Jesús que esta mujer había sido sorprendida en el acto de adulterio. Jesús no necesitaba que le recordaran la ley, pero lo hicieron de todos modos. «En la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres»(Levítico 20:10). Entonces le preguntaron a Jesús qué pensaba sobre el asunto.

Con calma, Jesús se agachó para hacer algo inesperado—Se puso a escribir en la tierra.Entonces, dijo, «Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» (Juan 8:7). Se agachó de nuevo para seguir escribiendo en la tierra, y poco a poco, los acusadores se alejaron. 

Una parte interesante en esta historia es que ellos estaban tratando de atrapar a Jesús con la pregunta. Querían ver si él defendería la ley o no, y sin embargo, ellos no defendían la ley plenamente. Si esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio, se olvidaron de traer al hombre con el que estaba, porque la ley decía que ambos debían ser asesinados. 

Jesús le preguntó a la mujer dónde estaban sus acusadores, le dijo que no la estaba condenando y le dijo que dejara su vida de pecado.  No hubo ningún discurso sobre «¡cómo has podido hacer esto!»  ni se le dio un proceso de 10 pasos para ayudarla a salir del lío en el que estaba metida. Sólo hubo una simple, pero poderosa orden expresada por un tierno Salvador que realmente quería que ella «se fuera y dejara su vida de pecado»

Que Jesús le dijera a esta mujer que no la condenaba y luego la enviara por su camino era una vergüenza para los fariseos y los maestros de la ley. Ellos se atenían plenamente a sus leyes, lo que marcaba el elitismo espiritual. Era lo único que tenían y en lo que confiaban. Si supieran lo mucho que el perdón de Jesús podría enriquecer sus vidas. 

Puede que seamos nosotros los que necesitemos el perdón en cualquier situación. Tal vez seamos nosotros los que hemos cometido un acto incalificable que ni siquiera hemos procesado. Y para eso necesitamos escuchar a Jesús — Él no nos condena sino que desea que dejemos nuestra vida nuestro pecado. Pero también podemos ser nosotros los que necesitamos extender el perdón. Esta mujer cometió un pecado que tuvo como consecuencia la muerte, y sin embargo Jesús no la condenó. 

Mientras procesas esta historia de perdón y redención significativa, pídele a Dios que busque en tu corazón y te ayude a ver dónde necesitas recibir o extender el perdón.

Citas Bíblicas para estudiar:

Levítico 20:10
Juan 8:1-11

Amén

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