¿Por qué es tan difícil perdonar?: Día 5 – Mateo 26:33 – Jul 13

La negación de Pedro a Jesús

La primera vez que Jesús dijo, «Ven, sígueme» fue a un hombre llamado Pedro. Su currículum no era extenso, pues era un simple pescador. Sin embargo, Pedro llegaría a ser uno de los más, si no el más valorado discípulo de Jesús. Era un claro líder, casi siempre se le mencionaba en primer lugar cuando se les enumeraba, y formaba parte del «círculo íntimo» de Jesús. 

Pedro era muy franco, tanto que declaró en Mateo 26:33«Aunque todos te abandonen, yo jamás lo haré». Sin embargo, cuando llegó el momento de que Pedro hablara y reclamara su amistad con el Salvador del mundo, se quedó helado. Y no sólo se quedó callado, sino que negó completamente a Jesús y se desvinculó de conocerlo o seguirlo. 

Ahora, eso es algo que no se puede perdonar, ¿verdad? Pecar mintiendo o engañando o robando es malo, pero negar a Jesucristo parece algo de lo que no se puede volver. No puedes volver a poner esas palabras en tu boca después de que hayan desaparecido en el aire. Y después de que el gallo cantó, Pedro se dio cuenta de lo que acababa de hacer, y lloró profundamente. 

Pero Jesús —siendo plenamente Dios y plenamente hombre— sabía lo que Pedro haría antes de llamarlo a ser discípulo. Jesús sabía la profundidad de la angustia que Pedro sentiría una vez que se diera cuenta de sus acciones. Jesús sabía que este increíble paso en falso en la vida de Pedro sería el catalizador que lo impulsaría a ser un cambiador del mundo y a llevar el evangelio hasta los confines de la tierra. Jesús lo sabía, y aun así, lo eligió. Y más tarde, no sólo perdonó a Pedro, sino que lo restituyó.

Tal vez has hecho algo en tu vida de lo que sientes que no puedes volver. Algo que dijiste o hiciste tuvo consecuencias tan sombrías y descorazonadoras que no tienes idea de cómo el Dios del universo podría perdonarte. Bueno, buenas noticias—para eso envió a Jesús. 

El pecado de todo el mundo, de todos los que alguna vez vivieron, fue colocado sobre nuestro Salvador mientras colgaba desesperadamente en la cruz. Cada pensamiento horrible, acción repulsiva o palabra odiosa que va en contra de la perfección del estándar de Dios está cubierta por la sangre que corrió por el cuerpo de nuestro Salvador. Y cuando tomó su último aliento y partió de esta tierra, cada uno de esos pecados se fueron con Él. 

Mientras procesas tu propio pecado y las malas decisiones que no sólo han afectado tu vida sino también la de otros, considera a Jesús. Él sabía que estaríamos impregnados de nuestro pecado e incluso con esa comprensión, Él todavía murió por nosotros. 

Y si el perfecto Hijo de Dios puede perdonarnos, ¿no deberíamos encontrar la manera de perdonar a los demás?.

Citas Bíblicas para estudiar:

Mateo 4:18-22
Mateo 26:31-35
Mateo 26:69-75
Juan 21:15-19

Amén

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