¿Por qué no pude ver que mi relación no funcionaría?

A veces no nos damos cuenta de que lo nuestro no va a ninguna parte, de que esa persona “no es”, hasta que no es demasiado tarde. A veces ni siquiera después. Pero realmente hay señales, reflexiones que puedes hacer que te ayudarán a decidir si tiene sentido seguir con él… o no.

Antes de entrar en materia es importante puntualizar que hay ocasiones, porque las hay, en las que por mucho que revisemos el pasado, que analicemos su conducta, sus frases, sus caricias… no hay nada que nos pudiera llevar a pensar que más tarde nos iba a dejar compuestas y sin novio.

Este mundo es muy grande, y casos de todos los tipos y modelos se dan en él. Así que, para hacer honor a la verdad, es preciso decir que sí, hay veces en las que ni el observador más entrenado podría sospechar el desenlace.

Pero hay otras muchas (muchísimas), la mayoría, de hecho, en las que sí que había signos de que la cosa no funcionaba, no al menos como a ti realmente te gustaría… o como realmente necesitas.

Si hay señales, ¿por qué no las veo?

No es fácil dar respuesta a esta pregunta porque, como casi todo lo que respecta al ser humano, se debe a varios factores. Sin embargo hay unas cuantas cosas que pueden estar detrás de que ignoremos, consciente o inconscientemente, esas luces rojas que nos están dando en toda la cara.

Cómo hemos llegado a la relación

La necesidad de que nos quieran, de estar con alguien, nos hace obviar lo negativo. A veces, aunque no seamos conscientes, vamos de una relación a otra porque necesitamos tener pareja, porque no concebimos la vida en solitario.

Pero si llegas a una relación desde la necesidad y no desde el “me gusta y por eso le elijo libremente” ya partimos de una base desde la que será difícil detectar lo negativo. 

Si te necesito no puedo reconocer lo que no me gusta de ti, lo que haces que me daña,
y mucho menos decírtelo para que intentes cambiarlo.

Cuando necesitamos, cuando en nuestra mente la alternativa a esa relación es peor que la propia relación, para evitar tener un choque de ideas (no me gusta vs sigo con él o ella), choque que genera malestar (se llaman disonancias cognitivas), lo que hace nuestra cabeza es encontrar la forma de que esas dos ideas contrapuestas encajen.

¿Cómo? Obviando la información que respalda a una de esas ideas para verificar la otra. Es decir: no me fijo en lo que me lleva a reconocer que esto no va bien, que no me gustas de verdad, para no tener que cuestionarme por qué sigo contigo (y enfrentarme a la idea de que me da miedo o rechazo estar solo o sola… o lo que sea).

Cambiará

En ocasiones sí que se detectan algunas señales, pero se obvian bajo la creencia de que con el tiempo, con nuestra ayuda, o por arte de magia, cambiarán.

La realidad es que normalmente el tiempo lo que tiende es a empeorar las cosas, no a mejorarlas, y que la magia, lamentablemente, no existe.

Y… el “cambiará por mí o con mi ayuda”… pues de pende de qué sea eso que quieres cambiar, de si tu pareja quiere hacerlo, de si tiene sentido, entre otras cosas.

Lo que sí te podemos decir es que esos extreme makeovers personales suelen suponer un esfuerzo inhumano, mucha frustración y sufrimiento y, la mayoría de las veces pocos resultados positivos. Hay ocasiones en que lo que intentamos es encajar un cuadrado en un agujero circular y mira, es que no se puede.

Las personas pueden cambiar, así que si crees que su relación se puede solucionar quizá sea buena idea acudir a un profesional, un terapeuta de pareja, que les ayude a encontrar y solucionar las flaquezas, a cambiar de manera positiva y consensuada.

Nos puede el enamoramiento

En las primeras etapas de la relación, en plena fase de enamoramiento, nuestro cerebro está en pleno festival neuroquímico. Esas mariposas que sientes en el estómago se hacen una casa en tu cerebro y no son especialmente favorables al raciocinio.

Cuando alguien nos gusta y estamos conquistando, iniciando el enamoramiento, pasan dos cosas: que mostramos lo mejor de nosotros mismos (y el otro también, claro) y que filtramos la información que recibimos del otro.

Cada quien al inicio de una relación está enseñando lo mejorcito que tiene, la cosa es que la información que nos llega está sesgada y difícilmente veremos lo que no nos gusta.

Si la persona que te gusta en general, el filtro del enamoramiento será el que silencie a tu conciencia la cual indica lo que no nos va bien.

¿Esto significa que en estos casos es imposible verlo? No. Significa que hay que hacer el esfuerzo de pensar si realmente estamos teniendo una visión global o si nos hemos abandonado en los brazos del amor… a lo loco.

Porque sí, se puede estar enamorado y razonar. Cuesta, por las hormonas y la locura de amor, pero se puede.

No nos convence la relación

Puede suceder. De hecho pasa a menudo. En ocasiones establecemos relaciones que en realidad, aunque no tengamos claro el por qué, no nos convencen del todo. No es que la otra persona tenga nada malo, de hecho puede ser “el perfecto o perfecta”, pero… Pero no.

En estos casos nuestra razón nos dice que debemos intentarlo porque objetivamente “quien nos gusta” es amable y divertido… y solo somos capaces de ver las cosas que son buenas de él o ella, a ver si así nos las creemos.

Pero eso no pasa, no te lo crees, y entonces lo que hace nuestro cerebro es maquillar a esa persona, ponerle complementos, detalles… que en realidad no están.

Dicho así suena a que hemos perdido el norte, pero piensa, seguro que alguna vez lo has hecho. Sería algo así como “me enamoro de la idea que tengo de ti, aunque esa idea no sea lo que realmente eres”.

Lo malo del atrezo es que es eso, atrezo, y no resiste el paso del tiempo. Al final veremos que es cartón piedra y no ladrillo y entonces la carroza se convertirá en calabaza, los caballos en ratones y su gracejo… en sosería suprema. Cuanto antes te des cuenta de qué hay de verdad y qué estás poniendo tú en él, mejor.

¿Cómo puedo darme cuenta de si hay señales?

Si no tienes claro si alguna de estas cosas puede estar haciendo que obvies las señales, aquí te dejo algunas preguntas que pueden ayudarte a ver las cosas un poco más claras… o al menos un poco menos sesgadas.

Reflexiona:

  • ¿Por qué estás con esta persona?
  • ¿Qué te gusta de él o de ella?
  • ¿Qué te gusta de su relación?
  • ¿Eres capaz de imaginar una relación mejor, mucho mejor?
  • ¿Qué tiene de diferente esa relación que has imaginado?
  • ¿Tu relación actual puede llegar a eso o es algo que sabes que jamás va a suceder?

Sin atrezos, desde la libertad, con amor y complicidad real es como una relación nos va a hacer felices. Todo lo demás es empezar algo que casi casi seguro está condenado o al fracaso o a hacernos infelices.

Nota: esto es un artículo de una extensión determinada y no es factible contemplar todas las teorías y factores al respecto, espero que lo entiendas. Evidentemente hay relaciones en las que a pesar de las señales luego todo va genial, hay relaciones en las que no hay señales y salen mal.

Hay personas que no te enloquecen de entrada pero que con el paso del tiempo te enamoran como nadie lo había hecho nunca.¡Claro! Con este artículo solo pretendemos ayudarte si es que tienes dudas. En cualquier caso siempre, siempre, lo recomendable es una buena comunicación: habla con tu pareja, construye con él o ella si es que se puede, y si no se puede… acudan a un profesional si es que consideras que merece la pena.

Sea porque en el fondo temes estar solo o sola, porque esa persona no está mal pero no es lo ideal para ti o no es lo que de verdad quieres… Sea por lo que sea a veces no vemos las señales. Pero detectarlas a tiempo a pesar de que genere malestar a corto plazo es, sin duda, una ganancia a largo plazo. Y Tú, ¿Ves alguna señal?.

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