Sapiosexualidad: atracción por la inteligencia

Hoy en día sabemos que existen muy diferentes maneras de vivir y de sentir la sexualidadSabemos que existen multitud de factores y variaciones que nos afectan en influyen cuando hablamos de atracción y que no se pueden reducir tan sencillamente a un único término: Heterosexualidad. 

Diferentes manera de entender la sexualidad

Por ello, poco a poco, han ido surgiendo nuevas palabras o terminologías para dar visibilidad a otras maneras de entender y vivir la sexualidad. Entre ellas, nos encontramos con la sapiosexualidad de la que seguro has escuchado hablar.

La duda que a algunas personas les surge es si realmente existen personas que se sienten atraídas sexualmente por la inteligencia de otras personas, o se trata más bien de un mito, pero a la hora de la verdad el físico sigue siendo lo más relevante. Las investigaciones científicas nos acercan a una idea al respecto.

Qué es la sapiosexualidad 

En el caso de la sapiosexualidad, el rasgo más importante y con más peso para la atracción es la inteligencia. Es decir, la excitación o atracción sexual que estas personas sienten se basa, principalmente, en que la otra persona les estimule intelectualmente

En concreto, estas personas se sienten especialmente atraídas hacía gente que les puede aportar conocimientos novedosos y apertura a nuevas cosas, mientras que lo repetitivo o que ya conocen, no les atrae. Es por ello que una mente que pueda ofrecerles nueva información y resulte estimulante les atrae mucho más sexualmente hablando.  

Qué dice la ciencia al respecto

La realidad es que, por el momento, no existe demasiada investigación científica realizada al respecto. Sin embargo, en 2018 se llevó a cabo una de las primeras y más importantes investigaciones realizadas en torno a la sapiosexualidad y que parecía señalar que cierto porcentaje de la sociedad podría, efectivamente, ser sapiosexual.  

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Para empezar, estos investigadores encontraron que la inteligencia puntúa, en la población general, muy alto a la hora de valorar la deseabilidad de una pareja sentimental. Sin embargo, querían adentrarse en la cuestión de la inteligencia como activadora de la excitación sexual. Para ello realizaron un cuestionario psicométrico – el primero de este tipo – que medía la sapiosexualidad. 

Lo que encontraron fue que la gran mayoría de los investigados – unas 400 personas – obtenían una puntuación media en esta escala o cuestionario. Es decir, la mayoría valoraba la inteligencia como excitante sexual en un punto relativamente medio. Sin embargo, entre el 8 y el 12% de los investigados puntuaban muy alto en la escala. Es decir, estas personas se sentían mucho más excitadas por la inteligencia que la media de los investigados. 

En el otro extremo, un porcentaje también pequeño de los encuestados puntuaban muy por debajo de la media, considerando que la inteligencia puntuaba muy poco en su excitación sexual. Esta investigación, por supuesto, tiene varias limitaciones y siendo la única hasta el momento no puede ser considerada como irrefutable. Pero sí que ofrece ciertas evidencias sobre la sapiosexualidad. 

Las múltiples caras de la sexualidad 

La pregunta es, si realmente necesitamos evidencias de si existen o no las personas sapiosexuales como tal. Nuestros niveles de atracción sexual dependen y varían en base a multitud de factores. 

Cada uno de nosotros podemos sentirnos atraídos en diferentes niveles por diferentes atributos. De hecho, una misma persona puede ver atractivas diferentes cualidades en cada persona y darle un valor diferente a esa cualidad en cada caso. Es decir, quizás el atractivo físico siempre ha resultado un factor determinante en nuestra excitación sexual, hasta que conocemos a una persona concreta cuyo sentido del humor o inteligencia nos excita mucho más que el físico de cualquier otra persona.

Además, debemos recordar que cuanto más enamorados estamos de una persona, más atractivos los vemos. Y el amor, depende, en gran parte, de las similitudes de esa persona con nosotros, del número de cosas que tenemos en común, y de la cantidad de veces que interactuamos. No solo del físico

En definitiva, cada una y cada uno de nosotros sabemos mejor que nadie qué es lo que nos atrae emocional y sexualmente. Cuando esto que nos atrae no hace daño a nadie, pero nos ha hecho sentir diferente durante mucho tiempo, está bien que reciba un nombre y se le dé la normalidad que merece. 

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