Señor Jesús, me entrego a Ti – Efesios 2:10 – Ene 18

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Rendirse es una palabra difícil de digerir. Rendirse suena como perder, y a nadie le gusta sentirse como un perdedor. No es de extrañar que sea difícil rendirse a Dios. Nuestro instinto humano nos dice que rendirse a Él puede no funcionar a nuestro favor. Tal vez esté enojado con nosotros, o tal vez simplemente perdamos el control sobre lo que queremos. Pero las Escrituras nos dicen que rendirse a Jesús es lo que más nos conviene.

Dios le ha dado a Jesús autoridad suprema y completa sobre toda la creación. Doblar rodilla, un signo de sumisión y lealtad, es la respuesta apropiada para el soberano del universo. Vemos esto en la relación entre reyes o reinas y sus súbditos. Pero con Jesús como nuestro gobernante, sabemos que nos tratará con perfecta bondad amorosa, y que Su plan y propósitos para nuestras vidas siempre serán buenos, incluso si en algún momento son difíciles y dolorosos.

Dios nos ha creado, y también nos ha liberado de la pena y la esclavitud al pecado. Nos ha prometido una vida de libertad y de abundancia. No tenemos ninguna razón para acobardarnos por temor a lo que la sumisión a Él nos traerá. Él no tiene ningún deseo de hacer que nuestras vidas sean miserables, pero quiere que experimentemos un reino caracterizado por el amor.

Seguir a Jesús de todo corazón requiere sumisión a él. No podemos seguir nuestra propia agenda y al mismo tiempo seguirlo a Él. Tratar de hacer ambas cosas creará más tensión y estrés. No sabemos a dónde nos llevará, pero sí sabemos que es bueno y confiable. Y Él nos creó para las buenas obras, que ya ha preparado para nosotros.

Ahora es el momento de darle las riendas para guiar tu vida al mejor lugar, más allá de lo que puedas imaginar por ti mismo.

Los próximos seis días desentrañan cada frase de una oración diaria de rendición a Jesús que puede cambiar dramáticamente su caminar con Él.

Señor Jesús, me entrego a Ti.

En el poder de Tu Espíritu….

Iré a donde quieras que vaya.

Haré lo que quieras que haga.

Diré lo que quieras que diga.

Daré lo que quieres que dé.

Para Tu honor y gloria. Amén.

¿Estás preparado para postrarte y rendirte a Jesús como tu Salvador y Señor? Si hay algo que te retiene, simplemente dícelo en oración o escribe una carta que explique lo que lo hace que sea tan difícil.

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