Servicio a huérfanos y viudas – Santiago 1:27 – Ene 8

«La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo»

Amar al huérfano y a la viuda no es una opción para el cristiano. Hay otras cosas, que podríamos decir, son algo opcionales. ¿Eres bueno en la hospitalidad? Bueno, no en realidad. Tú hiciste esto, yo hago eso. Dios les ha dado a todos diferentes dones. Pero a lo largo de las Escrituras se encuentra a Dios ordenándonos cuidar de la viuda y el huérfano. En diferentes momentos, el prisionero es arrojado allí también, al igual que los extraños. El punto es que a Dios le importan las personas indefensas. Él quiere que los defendamos.

No estoy diciendo que las viudas o viudos no sean personas fuertes. Debido a que han enfrentado dificultades, pueden ser más fuertes que cualquiera de nosotros. Pero digo que Dios nos ha llamado a trabajar a favor del huérfano y la viuda. Nos necesitan, como el cuerpo de Cristo, para ser sus defensores.

Entonces, Dios se vuelve realmente específico. Él ordena al pueblo de Israel y a nosotros, que cuidemos a los huérfanos y a las viudas. Dios ha estado bendiciendo a nuestra iglesia por 175 años. Creo que nuestro énfasis en apoyar a las viudas y a los huérfanos nos ha traído una bendición más profunda de Dios.

Ayudamos a las viudas. Cada uno de nuestros diáconos tiene una viuda asignada a él con la que se conecta, se preocupa y se asegura de que le vaya bien. También tenemos un ministerio para las viudas, para ayudarlas con lo que sea necesario. De vez en cuando, organizamos un día para que los hombres de nuestra iglesia sirvan a los demás. Nuestros hombres se unen, se ponen camisetas y se presentan en las casas de las viudas con herramientas eléctricas. Pintan, arreglan, hacen lo que se necesita. Nuestro presupuesto incluye donaciones al programa de jubilación de nuestra denominación, que ayuda a las viudas.

Ayudamos a los huérfanos. Hemos sido parte de más de 100 adopciones, brindando asistencia para casos de necesidades especiales. Ayudamos a orfanatos, o ministerios con huérfanos. Tenemos un miembro del personal de tiempo completo, a cargo de las adopciones y los huérfanos en nuestra iglesia.

Parte de vivir con un corazón sano es ser una persona que no es egoísta, sino desinteresada. Vivir con un corazón sano significa no centrarnos en nosotros mismos, estar a la defensiva y proteger nuestro territorio y nuestras cosas, sino dar un paso adelante para defender a alguien más.

Señor, quiero hacer la diferencia. Ayúdame a dejar de hacer el mal, comenzar a hacer el bien y ayudar a las viudas y a los huérfanos.

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