Un Dador Generoso – 2 Corintios 9:7

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Nuestro Padre celestial ha sido generoso con nosotros en todo. Él nos formó en el vientre de nuestra madre y nos dio vida (Salmos 139:13). Creó al mundo en que vivimos, el aire que respiramos, el agua que bebemos, el alimento que comemos. Él ha dado éstos regalos a todas las generaciones, y no nos ha negado nada a pesar de nuestras iniquidades (Mateo 5:45b).

Cuando fuimos salvos, recibimos más regalos: el perdón de los pecados, la vida eterna, la adopción en la familia de Dios, y un hogar celestial. No merecíamos ninguna de éstas cosas, ni podíamos ganarlas. Las han recibido por pura gracia todos los que creen en el Señor Jesús como Salvador personal.

Otro regalo importante es el Espíritu Santo, quien mora en nosotros, dándonos conocimiento, guía y consuelo.

Hemos recibido tanto gratuitamente, pero nos resulta difícil ser generosos. Nuestra naturaleza egoísta quiere aferrarse a todo lo que tenemos. Para convertirnos en dadores generosos, recordemos éstas verdades.

Estamos:

  • Imitando a Jesús cuando damos abnegadamente.
  • Honrando a nuestro Padre celestial cuando obedecemos su mandato de dar.
  • Dando a Dios la oportunidad de bendecirnos cuando compartimos con los demás.
  • Extendiendo la obra de Dios por medio de nuestro apoyo en la iglesia local.

Ser generoso requiere tener un corazón que ame al Señor por sobre todas las cosas, una voluntad sometida a Él, y una mente que desee obedecer sus mandatos.

El Espíritu Santo, quien nos ayuda a vencer nuestro yo, también nos transformará en alguien que hallará placer en dar.

Dios ama al dador alegre.

Oración:

Señor, abre mi corazón al don de dar generosamente, dentro de mi realidad, a aquellos que me rodean, separando mis propios deseos y entregando a otros como Tu nos entregas y cuidas, con amor incondicional y grandiosa bondad.

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MEDITACIÓN DIARIA