¡Vence la preocupación!: Día 1 – Filipenses 4:6-7 – Mar 24

«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús»

La Biblia dice: Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.” (Filipenses 4.6-7).¿Qué es lo que te preocupa hoy?

  • ¿Es tu situación financiera? 
  • ¿Tus estudios?
  • ¿Tu salud o la de tus niños?
  • ¿Un porvenir incierto?

En lo que a mí concierne, siempre he estado muy preocupado con lo que la gente podía pensar de mí.

Ahora, tengo otra pregunta para ti: ¿Cómo sería tu vida si no te preocupases por nada? No me refiero a que reflejes despreocupación por las cosas o inmadurez, sino más bien a experimentar una vida en la que decides ceder el control de aquellas cosas que no puedes controlar.

Jesús lo dice muy claramente en la Biblia: “Y dijo a sus discípulos: Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. […] ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? […] Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas” (Lucas 12.22,25,31).

Mientras que las dificultades son muy a menudo algo externo, la preocupación nos ataca desde el interior. ¡Y si eres como yo, seguramente tienes tendencia a creer lo que tus pensamientos te dictan! Tomamos esa preocupación por aquello que no es: instinto o intuición, cuando en verdad no es más que una deformación de la realidad.

Yo mismo le pido a Dios día tras día que me libere de toda preocupación. Necesito su ayuda para ello. Y he aquí cómo elijo actuar:

  • Hago lo que me es posible: Me vuelvo hacia Él y hago lo que puedo en relación a mi situación.
  • Y le entrego a Él lo imposible: Le entrego lo que es imposible para mí, humanamente hablando.

¡Haz lo que puedas hacer tu parte (lo posible) y dejar a Dios hacer la suya (lo imposible)!

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MEDITACIÓN DIARIA