Voy a decir lo que quieras que diga – Efesios 4:29 – Ene 22

«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes»

Voy a decir lo que quieras que diga

Smokey Bear nos ha recordado durante más de setenta años que “solo tú puedes prevenir incendios forestales”. El daño de una pequeña chispa puede arrasar un hermoso bosque y destruir comunidades enteras. Las Escrituras usan el mismo vocabulario para describir el poder destructivo de nuestras palabras: “La lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡Qué grande es un bosque que arde con un fuego tan pequeño”(Santiago 3: 5)!

Con el potencial para tal destrucción y también el potencial para el bien que proviene de nuestro discurso, es importante decir lo que Jesús quiere que digamos, y no solo imitar los valores de nuestra cultura. Nuestro mundo está lleno de palabras caracterizadas por el odio, los celos, la condenación y la ira. Jesús dio el principio de que “de la abundancia del corazón habla la boca”. No podemos evitar la verdad; nuestro discurso revelará lo que está muy dentro de nosotros.

¿Cómo afecta a Jesús lo que decimos cada día y por qué?

Él es descrito como «el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1:14). Él es la máxima comunicación de Dios a Su creación. Y se nos dice que «la gracia y la verdad vinieron a través de Jesucristo». Al vivir a través de nosotros, podemos esperar hablar con la gracia y la verdad. La vida de Jesús estuvo marcada no solo por palabras de amor y gracia, sino también por palabras honestas que reflejaban la verdad acerca de Sí mismo y del mundo que lo rodeaba.

En Hechos 1: 8, Jesús les dijo a Sus discípulos que cuando el Espíritu Santo los alcanzara, ellos experimentarían el poder de ser Sus testigos. Cuando cedamos a Su control, veremos que queremos contarles a otros sobre Él. Eso no significa que seamos desagradables o condescendientes con los demás, como algunos temen. De hecho, todo lo contrario: seremos amables y compasivos, y les diremos a las personas quién es Jesús y qué diferencia ha hecho en nuestras vidas.

Pero decir lo que Dios quiere que digamos no es solo hablarle a otros sobre Jesús. Es usar nuestras palabras para hablar con los demás como lo haría Jesús: expresando bondad y perdón, y afirmando a los demás por quienes son y por las cosas que hacen bien. Al hacerlo, los bendecimos y animamos en su viaje espiritual.

¿Hay algún cambio en la forma en que debes hablar con alguien en tu vida? 

Piensa en, al menos, una persona y cómo le hablarás de manera diferente la próxima vez que interactúes con ellos.

¿Dirás lo que Dios quiere que digas hoy?

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MEDITACIÓN DIARIA