Voy a ir a donde quieres que vaya – Mateo 28:18-20 – Ene 20

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

A nadie le gusta quedarse atascado. Hablamos de quedarnos atrapados en una rutina, o quedarnos emocionalmente atrapados como algo malo. Estar atascado significa que no hay movimiento ni crecimiento. Lo mismo es verdad espiritualmente. Y seamos sinceros: todos sentimos que nos atoramos de vez en cuando en nuestro viaje espiritual. 

La buena noticia es que Jesús está en el proceso de llevarnos a algún lugar; seguirlo es la intención deliberada de ir a donde Él quiere que estemos, y evitará que nos estanquemos por mucho tiempo si lo escuchamos. 

Esto es lo que Abram hizo en Génesis 12. Mientras está «atrapado» en su ciudad natal, Dios le ordena a Abram que realice un viaje increíble, dejando a su país y su familia para ir a una tierra que Dios le mostraría. El resultado de los pasos de fe de Abram sería una nueva nación que honrara a Dios y resultara en llevar al Mesías para la salvación de la humanidad. 

Hebreos 11: 8 nos dice que Abram obedeció a Dios y «salió, sin saber a dónde iba». Él nos mostró que ir a donde Dios quiere que vayamos es en última instancia una cuestión de fe: confiar en el la bondad y el plan soberano de Dios para nuestras vidas. Cuando se requiere fe, hay riesgo y, a veces, miedo, porque no sabemos todo lo que esto conllevará. Elegir ir es elegir enfrentar esos miedos.

Una vez completada su misión terrenal, Jesús dio este mandato a Sus discípulos: «Ve y haz discípulos de todas las naciones…» (Mat. 28:19). En Su oración en Juan 17, le dice al Padre: «Al enviarme al mundo, también los he enviado al mundo». Ir a donde Jesús quiere que vayamos nos llevará inevitablemente a hacer discípulos; es decir, compañeros seguidores de Jesus. Desafortunadamente, muchos han interpretado el mandato de Jesús de «hacer discípulos» como un talento especial, o como la descripción de una carrera profesional en el ministerio. Pero hay muchos caminos para involucrarse en hacer discípulos. 

Es una acción para todo seguidor de Jesús, al igual que la hospitalidad o la oración intercesora. Mientras te rindes al control del Espíritu sobre tu vida, dile a Jesús que irás a donde Él quiera que vayas en tu viaje espiritual, incluso para hacer discípulos de otros. Deja que te guíe hacia quién y cómo lo vives cada día.

¿Irás a donde Dios quiere que vayas hoy?

Pregúntale a quién podrías influir hoy para que sea un compañero discípulo de Jesús.

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MEDITACIÓN DIARIA