La Genialidad de la Generosidad: Día 1 – Hechos 20:35 – Jun 16

«En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir»

Probablemente estás acostumbrado a pensar acerca de la generosidad como un “deber”, un aspecto necesario, pero nada atractivo de la vida cristiana. Si es así, veamos cuatro razones sencillas del por qué es realmente la manera más sabia de vivir.

1. La generosidad es una gran idea porque cambia nuestras vidas.

Las personas que dan generosamente se sienten bien por hacerlo y son bendecidas en maneras que nunca habían esperado. Cosas grandes suceden en ellos, y cosas grandes suceden a quienes les rodean. Jesús dijo que es mejor dar que recibir (Hechos 20:35). Proverbios 11:25 nos dice, “El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado.”

2. La generosidad nos conecta con otros

Cuando las personas son generosas y llenas de gracia, muestran amor y alegría. Hay algo muy atractivo en quienes tienen un sentido de amabilidad, aquellos que sirven a los demás, aquellos que pagan la cuenta de alguien más o que aún están dispuestos a incomodarse ellos mismos para extender la mano y ayudar a otros. Las personas generosas generan sentimientos positivos en sus relaciones, lo que causa que otros quieran estar a su alrededor.

3. La generosidad nos ayuda a invertir en lo que realmente importa

La generosidad también es una gran idea porque es una inversión garantizada de alto rendimiento. Esto es más que una cuestión práctica. Espiritualmente, la generosidad nos protege de las malas inversiones de nuestro tiempo, nuestro talento y de nuestro tesoro, y crea riquezas a largo plazo.

En cierto sentido, todo lo que haces es una inversión. Siempre estás invirtiendo tu tiempo, talento y tesoro en algo. Y en lo que sea que te estés vertiendo, ahí es donde está tu corazón.

4. La generosidad libera nuestros corazones

Jesús quiere protegernos de malas inversiones y prepararnos para inversiones eternas. El principio se trata de algo mucho más importante que de nuestras finanzas; se trata de nuestro corazón.

El dinero es un espejo de nuestro corazón delante de Dios. Si quieres una medida precisa de tu relación con Dios, revisa tu estado de cuenta bancaria y tus gastos en la tarjeta de crédito. Fíjate hacia dónde va tu dinero. Esto te dirá en dónde está puesta tu devoción.

Hay dos tipos de tesoros en la vida: los que son temporales y los que duran para siempre. Tenemos que decidir para qué tipo de tesoro vamos a vivir, si vamos a vivir para el hoy o para la eternidad. Si nuestros ojos están puestos en las cosas de Dios, Él es nuestro Señor. Si nuestros ojos están puestos en las cosas del mundo, entonces esas cosas son nuestro señor.  

Amén

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