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¿Quién soy en Cristo?: Día 6 – Romanos 8:35 – Ene 20

Soy más que Vencedor

Dios está buscando a aquellos con quienes Él puede hacer lo imposible — qué lástima que planificamos solo cosas que podemos hacer por nosotros mismos. — AW Tozer

Un vencedor es alguien que gana o vence algo. En Cristo, no solo somos conquistadores sino más que vencedores. Lo que esto significa es que somos capaces de soportar y lograr cualquier cosa por el milagroso poder de Dios que habita en nosotros. Tenemos que entrar y caminar por fe hasta que veamos esto convertirse una realidad.

Puedes estar preguntándote, Â«Â¿Qué tengo que vencer?» Mucho. Vencemos:

A nosotros mismos
Nuestros deseos quieren cosas que son contrarias a lo mejor de Dios para nosotros. Gálatas 5:1 nos dice que nuestra carne y espíritu están en una constante batalla. Sin embargo, con mucha frecuencia cedemos a nuestros deseos carnales. Es en esos momentos en los que debemos decidir quién ganará: nosotros o Dios.

Los ataques
No solo tenemos aspiraciones carnales que nos atraen lejos del plan de Dios que es mejor, sino que también tenemos un enemigo espiritual. Nos odia y lanza sus dardos de duda, desánimo, temor, enojo y odio hacia nosotros esperando que uno de ellos penetre en nosotros. Debemos estar vigilantes, listos para vivir en victoria por el gran poder de Dios.

Si pudiésemos solo entender ese inmenso poder disponible para nosotros siempre que viene cualquier problema.

¿Ese reto que estás enfrentando en tu carrera? Somos más que vencedores.
¿Ese traspié en la relación que nos abruma? Somos más que vencedores.
¿Ese problema físico que está causando dolor? Somos más que vencedores.
¿Ese aprieto financiero que nos preocupa? Somos más que vencedores.
¿Esa carga mental que llevamos? Somos más que vencedores.

Cuando enfrentamos cualquier reto, no solo tenemos el poder de Cristo para vencer y derrotar ese reto—tenemos el poder para someterlo, aplastarlo y derribarlo. Nuestros problemas no tienen manera de operar, porque Su enorme poder nos hace más que vencedores.

Reflexiona

  • En tus propias palabras, escribe lo que «Soy más que un vencedor» significa para ti.
  • Repite «Soy más que un vencedor»durante el día — pon una alarma y dilo cada hora para que se arraigue profundamente en ti o escríbelo en una tarjeta y ubícala donde puedas verla a menudo.
  • Piensa en una situación que has enfrentado o que enfrentarás en la que puedas aplicar esta verdad.

Citas Bíblicas para estudiar:

Romanos 8:35-39

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA

Identifica la llegada de la Preadolescencia

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Dejar de ser niño para convertirse en adolescente no es sencillo. La preadolescencia es una etapa compleja, entre la niñez y la adolescencia, marcada por profundos cambios físicos, emocionales y de personalidad.

Existe una etapa poco conocida en nuestra sociedad, en la que los niños dejan de ser niños, pero aún no son adolescentes, la preadolescencia. Podríamos situarla, aproximadamente, entre los 9 y los 12 años, con amplios márgenes en los extremos. Es una época crucial en el desarrollo de la personalidad, por ello, debemos conocerla bien para poder acompañar a nuestras hijas e hijos de la forma que realmente necesitan.

En este periodo de transición, entre la niñez y la adolescencia, los cambios que se producen sorprenden mucho a los padres. Nuestros hijos ya no son los niños pequeños a los que estábamos acostumbrados.

Aparecen cambios físicos importantes y comienzan a manifestar mayor independencia emocional.

Estos cambios de comportamiento y emocionales no son aleatorios o caprichosos, sino que se deben al proceso madurativo que se está produciendo en su cuerpo y en su cerebro.

Justo en este periodo, aparecen los primeros signos (vello corporal, acné, crecimiento de mamas y testículos) de los profundos cambios físicos y hormonales que concluirán en la adolescencia.

Una época de muchos cambios

Los preadolescentes se debaten entre el duelo por la inocencia y la despreocupación de la infancia, y las ganas de ser mayores y ser tratados como tales. A veces quieren jugar y otras sienten la necesidad de estar solos sin adultos. A veces ríen con ganas y otras lloran o se enfadan desesperados.

Buscan con ahínco su lugar en el mundo y necesitan, para lograr encontrarlo, todo nuestro apoyo y amor incondicional.

El término “preadolescencia” puede inducir a no valorar esta etapa y llevarnos a considerarla, simplemente, como una transición insustancial hacia la adolescencia, pero la realidad es que son unos años muy importantes, con unas características propias bien definidas. Veamos algunas de estas.

  • Se debaten entre crecer o no crecer

Sienten que están creciendo y se resisten a abandonar la infancia (despreocupada y feliz). Por otro lado, la adolescencia les parece una etapa llena de incertidumbres. A veces se sienten como en tierra de nadie, ni son niños, ni son adolescentes. Necesitan encontrar su lugar en el mundo.

Consejo: Apoyarles en su crecimiento, darles seguridad y mostrarles los beneficios de crecer.

  • Tienen dudas y sufren problemas de autoestima

Los cambios físicos, por más que siempre hayan sido niñas o niños con alta autoestima, pueden conllevar problemas de inseguridad. Se ven diferentes, aparece el acné, ya no les gusta la ropa ni los colores de cuando eran pequeños. Algunas niñas o niños pueden llegar a obsesionarse por su peso y su físico.

Consejo: Necesitan volver a sentirse bien y a gusto con su cuerpo. Somos su modelo de referencia. Tenemos que mostrar respeto por nuestro cuerpo y el de los demás, de esta forma, ellos aprenderán a sentirse a gusto tal y como son.

  • Buscan más independencia

Cada vez buscan pasar más tiempo solos, leyendo, escuchando música o con los amigos (pero sin adultos). Buscan su propia personalidad, diferente de la de sus padres. Muestran de forma contundente su rechazo hacia las propuestas de los adultos, reafirman su Yo. Sin embargo, aunque parezca que se oponen a nosotros en casi todo, confían muchísimo en nuestro criterio y nuestra opinión.

Consejo: respetar su espacio, haciéndoles saber que estamos disponibles por si nos necesitan.

  • Se hacen preguntas y muestran nuevos intereses

Necesidad constante de información. Quieren saber. Son exploradores. Se muestran interesados por todo. Cuando se apasionan por un tema lo exploran a fondo y desean comunicar todo lo aprendido.

Consejo: no muestres rechazo por sus intereses, foméntalos, acompáñale en su aprendizaje.

  • Se dejan llevar por la amígdala y la CPF (Corteza PreFrontal)

En la preadolescencia la amígdala se comporta de forma hiperreactiva, lo que se traduce en reacciones emocionales muy intensas y cambiantes. Además la CPR, que se encarga de regular esas emociones, aún está en proceso de maduración, por lo que es normal que aparezcan enfados, gritos e insultos, incluso, en niños que eran muy tranquilos.

Consejo: Paciencia. No tomar como algo personal sus ataques o sus insultos en los momentos de enfado. Más tarde, cuando pase la crisis, dialogar con ellos sobre lo sucedido. El diálogo es nuestro recurso más importante.

  • Se aburren, se presenta el desorden y los despistes

Los cambios en el cerebro y en su cuerpo les produce un verdadero torbellino físico y emocional. Se cansan, sus horarios cambian (no quieren madrugar, prefieren trasnochar), se aburren con más facilidad, se olvidan de las cosas, tropiezan. También comienzan a rechazar comidas que antes devoraban y, en sus cuartos, acumulan sus pertenencias sin orden o concierto.

Consejo: Respeta la exploración de su yo. Está madurando, autoconociéndose.

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BEBE Y MAMA– FAMILIA â€“ MATERNIDAD â€“ MENTE SANA

Sanar las heridas de la Infancia…

El cariño y la atención de unos padres amorosos proporciona la mejor base sobre la que construir una personalidad equilibrada. Si en nuestra infancia no recibimos este apoyo, hemos crecido arrastrando carencias afectivas. No tenemos por qué dejar que estas nos sigan perjudicando: podemos liberarnos de ellas.

Cuando en terapia se analiza los trastornos psicológicos más extendidos en la población (ansiedad, fobias, depresión, etc.), suele comprobarse que la causa subyacente de la mayoría de estos problemas procede de algún tipo de carencia afectiva sufrida en la infancia que ha sido arrastrada hasta la vida adulta.

Los bebés vienen al mundo con unas necesidades físicas (cuidado y alimentación) y emocionales (amor, apoyo, seguridad) que deben ser cubiertas para que se conviertan en adultos equilibrados. El contacto físico, las muestras de cariño, el hecho de sentirse protegido o el respeto por su persona y sus intereses no son esenciales para su supervivencia física. Sin embargo, resultan imprescindibles para su correcto desarrollo psicoemocional.

Sin estos cuidados, los niños, aunque físicamente crecen, emocionalmente arrastran graves secuelas afectivas.

Muchas personas, sin haber pasado por un abandono tan extremo, también acarrean desde su infancia diferentes tipos de carencias emocionales. Sus padres y demás familiares, por inmadurez, por inexperiencia o por sus propias historias personales de privación, no supieron atender sus necesidades afectivas. Estas personas crecen convencidas de que sus experiencias emocionales disruptivas son las mismas que las de los demás. Pasado el tiempo, cuando intentan llevar una vida normal, las secuelas de sus traumas se reflejan en su día a día, de una forma u otra.

Un vacío que llenar

La necesidad primaria de cuidado y cariño que no fue satisfecha por los padres provoca en muchas personas, al llegar a la edad adulta, una sensación de vacío o de espacio oscuro en su interior que necesita ser colmado. Para tratar de obtener un momento de satisfacción que llene el abismo, surgen las obsesiones, las adicciones o los enganches a personas tóxicas.

Cualquier elemento exterior (relaciones, objetos o trabajo) puede crear la ilusión de llenar ese vacío pero intentar colmar el abismo a cualquier precio puede acabar desencadenando nefastas consecuencias.

Por ejemplo; una adicción nubla momentáneamente el dolor, pero atrapa y resulta difícil escapar de ella; un poco de atención amorosa puede llenarnos momentáneamente pero dejarnos enganchados y sin defensa a la hora de protegernos de una relación tóxica. Además, como sucede con cualquier adicción, la sensación de plenitud es momentánea: una vez pasado su efecto, el vacío sigue ahí.

Cómo sanar las heridas de la infancia desde el interior

Aunque resulta imposible cambiar el pasado, todos tenemos la potestad de intervenir tanto en nuestro presente como en nuestro futuro. Para lograrlo, debemos centrarnos en nosotros mismos y prodigarnos los cuidados que tanto nos faltaron en la infancia. Es preciso que nos recordemos que ya no somos aquellos pequeños que estaban indefensos ante la vida: ahora podemos valernos por nosotros mismos y no necesitamos que nos cuiden y atiendan desde fuera.

Así, para sanar las privaciones emocionales de la infancia, tenemos que comenzar por cambiar el sentido de la búsqueda del amor.

No se trata de encontrar a alguien de fuera que nos preste la atención y el cariño que no tuvimos en la infancia (ya hemos visto que eso solo crea una insana dependencia), sino que debemos ser nosotros mismos quienes comencemos a contemplarnos con ternura y compasión. Nosotros mismos somos quienes mejor podemos ofrecernos un verdadero amor incondicional.

Se necesita tiempo; no podemos sanar en un día el vacío de toda una vida. En ocasiones, el daño ocasionado es tan profundo que resulta necesario buscar ayuda profesional para poder reconstruir la autoestima perdida. Poco a poco, asumiendo la realidad del pasado y trabajando desde pequeños detalles del día a día, podremos empezar a recuperar nuestro amor propio.

Cuando logras conectar contigo mismo y comienzas a quererte, se produce un cambio interno efectivo y permanente. Siempre estarás presente en tu vida, cuidándote. Desaparece el abismo, el vacío se colma y, desde ese momento, ni nada ni nadie puede desviarte de tu camino.

Claves para una vida emocional sana

Colegiala mirando por la ventana en el aula Foto Premium

La mayoría de nosotros arrastra algún tipo de carencia afectiva de la infancia que, hoy en día, todavía nos perjudica. ¿Qué medidas podemos tomar para minimizar sus efectos y disfrutar de una vida emocional más saludable?

  • No restarle importancia. El primer paso para la sanación pasa por asumir y valorar la relevancia de las carencias sufridas en el pasado. Mucha gente dice: “Bueno, no fue para tanto” o “Al fin y al cabo, he crecido y soy adulto”. Sin embargo, no podemos olvidar que cuando fuimos pequeños, esta ausencia de cuidados nos dañó y que el dolor aún perdura. Seamos sinceros con nosotros mismos y preguntémonos: “¿De veras no me afecta esa carencia emocional?”, “¿Podría estar buscando en los demás o en otras cosas el amor que no obtuve durante mi infancia?”.
  • No culpar pero sí reconocer. No se trata de culpar a los padres ni a los demás familiares por no haber sabido atendernos en el pasado. Seguramente, ellos también fueron víctimas de carencias afectivas y nos cuidaron lo mejor que supieron. No obstante, tenemos que ponernos del lado del niño que fuimos para reconocer lo que nos faltó y de esta forma poder centrarnos en sanarnos.
  • Centrarnos en la solución. Por muy dura que haya sido nuestra historia, no sirve de nada regodearnos en lo negativo. Tras reconocer lo sucedido, no debemos olvidar que siempre hay esperanza y oportunidad de sanar y de liberarnos de las consecuencias de las carencias sufridas.
  • Cuidarnos. Si estamos continuamente esperando que alguien venga a cubrir nuestras carencias emocionales, siempre dependeremos de los demás y jamás lograremos ser felices. Recuerda: tú eres la persona que mejor te puede amar y que siempre te va a acompañar.

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PSICOLOGÍA – SALUD – SALUD DE LA A-Z – SALUD MENTAL

Perseguidos más no Vencidos: Día 2 – 2 Corintios 4:7 – Jun 29

El Sufrimiento en la voluntad de Dios

Cuando sufrimos en la voluntad de Dios, el sufrimiento siempre tiene sentido y propósito. A menudo, los que sufren no pueden entender esto en ese momento pero deben aceptar por fe que esto es cierto.

Un ejemplo bíblico de que Dios permite el sufrimiento, lo encontramos en Juan 16:33. Jesús nos advirtió del sufrimiento y nos prometió la victoria al mismo tiempo. También nos prometió un Consolador, el Espíritu Santo. Los testimonios de aquellos que han resistido una severa persecución muestran por qué Jesús llamó al Espíritu Santo, el Consolador. Pero recuerden, la fe se construye sobre la Palabra de Dios. Si nuestra fe es fuerte, podemos esperar conocer la victoria en el sufrimiento.

Aceptar la persecución es un secreto de la victoria, en lugar de la ausencia de problemas o la presencia de prosperidad y riqueza.

En 1 Corintios 4 y también en 2 Corintios 4, Pablo da un registro de su vida en Cristo. No es una historia de paz y armonía, comodidad y popularidad. Más bien, es una historia de rechazo y penurias, incluso desesperación. Y, sin embargo, Pablo sale victorioso porque muestra el tesoro celestial de Jesucristo y Su mensaje que se lleva en vasija de barro (2 Corintios 4:7).

Así como los frascos hechos de arcilla se usaban en los tiempos del Nuevo Testamento para llevar agua, los hijos de Dios son Sus «frascos de arcilla» hechos para llevar el agua de la vida. Esto demuestra que el poder en nuestra vida que nos permite salir victoriosos proviene de Dios. Cuanto antes podamos darnos cuenta de esto, antes podremos ver la victoria de Dios en nuestras vidas. Cuanto antes nos veamos a nosotros mismos como un canal para el poder de Dios, más pronto llegaremos a ser más que conquistadores (Romanos 8:37).

Al examinar estas verdades sobre el sufrimiento, que se enseñan en la Biblia, dos de ellas parecen ser más básicas para que el cristiano las entienda.

Primero, estemos seguros de que el sufrimiento viene como la voluntad de Dios para nosotros. Si confiamos en esto, podemos aceptar lo que venga (Romanos 8:12-25).

En segundo lugar, aunque somos criaturas débiles, podemos conocer la victoria sobre estas circunstancias. Alienta tu corazón en estos dos puntos, y nada de lo que el enemigo te lance puede conquistar tu fe. ¡Recuerda siempre que Jesús vive dentro de Su pueblo!

Citas Bíblicas para estudiar:

Juan 16:33
2 Corintios 4:1-18
Romanos 8:1-39

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA

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DIRECTORIO MÉDICO â€“ SALUD â€“ BELLEZA â€“ FITNESS â€“ BEBE Y MAMÁ â€“ MENTE SANA

¿Cuál es la edad indicada para ir al gimnasio?

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El mundo del gimnasio ha sido considerado hasta hace unos pocos años como un lugar exclusivo para culturistas y personas fitness. Sea como fuere, el gimnasio ha sido considerado como un lugar reservado única y exclusivamente a adultos, ya que los niños o adolescentes o bien no tenían nada que hacer ahí o incluso se consideraba que el entrenamiento en el gimnasio era contraproducente o peligroso en edades tempranas.

En este artículo queremos desmentir todos aquellos prejuicios que rodean el ámbito del gimnasio cuando lo relacionamos con niños o adolescentes.

¿A partir de qué edad se puede ir al gimnasio?

Si echamos un vistazo a la literatura de algunos expertos en ciencias de la actividad física del panorama español (Fernando Naclerio o Carlos Balsalobre), podemos resumir el tema en lo siguiente:

  • «El entrenamiento de fuerza correctamente pautado por personal cualificado y competente promoverá enormes beneficios en todos los rangos de edades.»

Así pues, premisas como que el entrenamiento con pesas disminuye el crecimiento en niños o que no es prioritario en niños o adolescentes son falaces e incorrectas.

De hecho, echando mano de la literatura, no hay evidencia científica que afirme que el entrenamiento de fuerza esté contraindicado en edades tempranas.

Por citar algunos beneficios concretos que pueden esperarse en estas edades:

Reducción de la incidencia de lesiones al practicar otros deportes

  • Mejora de la composición corporal
  • Mejora de las capacidades motrices
  • Mejora de la estabilidad articular
  • Desarrollo del autoestima

¿Qué debe saber un profesional a la hora de pautar entrenamiento de fuerza en niños?

Algunas de las primeras cosas que deben tenerse en cuenta son los años de entrenamiento previos y las habilidades motrices, fuerza y capacidad técnicas existentes. En las edades más tempranas, por ejemplo de seis años en adelante, el principal enfoque del entrenamiento debe perseguir el desarrollo de la habilidad técnica. En otras palabras, no se debe perseguir un aumento exclusivo de la fuerza o del tamaño del músculo sino mejoras en el control y función musculares que puedan sentar unas buenas bases para el futuro.

Así mismo, un error habitual es tratar de separar a los niños por segmentos de edad sin tener en cuenta los diferentes ritmos de maduración biológica ya sea en niños o niñas del mismo sexo o entre sexos.

Si tratamos de cristalizar todo esto en aplicaciones prácticas nos quedarían una serie de recomendaciones como las siguientes:

Selección de ejercicios

La progresión más adecuada a la hora de seleccionar ejercicios es la siguiente:

  1. Ejercicios con autocargas, es decir, con el peso corporal
  2. Ejercicios con cargas externas como balones medicinales
  3. Ejercicios básicos de fuerza estática como sentadillas o flexiones
  4. Ejercicios básicos de fuerza dinámica como la halterofilia o la pliometría

Volumen de entrenamiento

En este aspecto las dosis recomendadas son amplias debido a las grandes diferencias en cuanto a maduración biológica. No obstante podríamos hablar de incluir entrenamientos de cuerpo completo con tres u ocho ejercicios por sesión y entre dos y cuatro series por ejercicio, entendiendo que los niños u adolescentes sin experiencia previa deben acercarse al extremo inferior del rango.

Intensidad del entrenamiento

Si hablamos de la intensidad del entrenamiento no se recomiendan varias cosas:

  • No trabajar en base a porcentajes del RM, es decir, en base a la repetición máxima (de hecho ni deberíamos tratar de conocerla)
  • No realizar el máximo número de repeticiones por serie.
  • No entrenar, en general, hasta la extenuación.

Se busca en todo caso ajustar la carga a cada niño en función de su nivel y experiencia previos y realizar series de las repeticiones necesarias que aseguren una técnica exquisita sin que esta se desvirtúe por fatiga acumulada.

Puede ser una buena idea introducir herramientas de autorregulación como el RPE donde los más principiantes se moverán en un RPE de 3-4 y los más avanzados de 5-7.

Frecuencia semanal

Los más principiantes pueden realizar dos únicas sesiones por semana y los más experimentados pueden realizar tres o incluso cuatro, aunque deberán tenerse en cuenta otros deportes practicados y otras actividades extraescolares.

Debemos recordar que el entrenamiento debe ser considerado y visto por el niño como algo agradable y no como una imposición.

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RELACIONES â€“ SALUD â€“ SALUD DE LA A-Z â€“ SALUD SEXUAL

Algunos MITOS sobre la Menopausia

En este tema, el primer gran error es no conocer lo que en realidad significa la menopausia y verla casi como una enfermedad, algo que la Sociedad Española de Medicina Interna (@Sociedad_SEMI) insiste en desmentir, afirmando que, en realidad, la menopausia es solo una fase más en el ciclo biológico de la mujer.

El fin de la capacidad fértil del organismo femenino, porque los óvulos que podrían ser fecundados se agotan, implica una serie de cambios físicos, que también tiene repercusiones psicológicas. Tal como explica la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (@AEEM) este cambio pasa por distintas etapas, desde la pre-menopausia, hasta la post-menopausia y forma parte de un proceso absolutamente natural de adaptación hacia el comienzo de un situación diferente que, hay que recordar, tiene importantes ventajas para la mujer.

Con la menopausia se engorda, se pierde el deseo sexual, aumenta el riesgo cardiovascular y de sufrir osteoporosis, son, por tanto, necesarios tratamientos para evitar sus consecuencias… ¿qué hay de cierto en todo esto?

Domina la información

La última menstruación marca el periodo central de la menopausia, un proceso que se inicia años antes, y que también puede prolongarse en meses posteriores. Cada mujer es distinta y los efectos que de esta etapa de transición son muy variables. Los clásicos sofocos no suelen faltar cuando la regla comienza a ser irregular, pero el resto de los considerados síntomas son diversos. En cualquier caso, hay una serie de ideas establecidas que no está de más revisar para entender hasta qué punto son ciertas y para tener un conocimiento real sobre los cuidados que necesita una mujer, superada la menopausia, para mantener una buena salud durante el nuevo ciclo que inicia que, dada la actual esperanza de vida, va a prolongarse muchos años.

Ante la nueva situación algunos «axiomas inmutables” que conviene repasar son:

La menopausia engorda

Expresión oída hasta la saciedad, fruto de sacar conclusiones a base de conceptos no del todo claros. Es cierto que los cambios hormonales que se producen en esta etapa influyen en la normal absorción de las grasas en el organismo y también en su distribución. El tejido adiposo presenta un mayor grosor y las grasas tienden a acumularse en zonas concretas, como cintura y abdomen, pero superada la fase de pre-menopausia, si se sigue una dieta equilibrada y se realiza el suficiente ejercicio, la “certeza matemática” de engordar “un kilo por año” no tiene base alguna y solo se cumplirá si no te alimentas de la manera adecuada. Seguir las recomendaciones de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (@TuendocrinoSEEN) sobre el control en la ingesta de calorías y grasas, y huir del sedentarismo es la mejor garantía para lograr que este tópico, no se cumpla.

El deseo sexual disminuye o desaparece por completo

Son tantos los factores que influyen en el despertar del deseo sexual que achacar su ausencia a los cambios hormonales es, como poco, algo limitado. Es cierto que la menopausia provoca alteraciones físicas que pueden influir en una relación sexual satisfactoria, como, por ejemplo, la sequedad y disminución de la lubricación vaginal natural (algo para lo que existen sencillas soluciones), pero son muchas las mujeres que, una vez asumidos los cambios que implica la menopausia, disfrutan de una saludable y plena vida sexual, liberadas de la inquietud que pudo suponer en su momento un posible embarazo.

Aumento el riesgo Cardiovascular y de Osteoporosis

Es uno de los temas que más preocupa a muchas mujeres tras la menopausia. Es una realidad que los estrógenos suponen una protección natural que tiene el organismo femenino frente a distintas enfermedades, incluyendo las cardiopatías, pero la Fundación Española del Corazón (@cuidarcorazon) aclara que ese posible incremento del riesgo suele darse cuando se habla de menopausia prematura (antes de los 45 años). En el resto de los casos, hay que matizar que no es cierto que el cuerpo de una mujer deje de producir estrógenos tras la menopausia.

La realidad es que sigue haciéndolo, aunque en cantidades mínimas. Hay que insitir en que realmente lo que incrementa el riesgo son los hábitos poco saludables: dieta inadecuada, excesiva ingesta de grasas, tabaco, falta de ejercicio… Lo mismo ocurre al hablar de osteoporosis. La reducción de estrógenos influye en una mayor posibilidad de desmineralización ósea, algo que puede prevenirse incrementando en la dieta la ingesta de alimentos ricos en calcio, sin olvidar la importancia que tienen también la vitamina D y el ejercicio en esta etapa a la hora de mantener la densidad ósea. En resumen, hay que cuidarse pero no obsesionarse.

La menopausia requiere tratamiento

Las actuales terapias hormonales, que se centran en equilibrar la carencia de estrógenos y de progesterona, pueden ser realmente efectivas a la hora de aliviar síntomas molestos que pueden producirse durante la menopausia y meses de post-menopausia pero, por supuesto, solo en aquellos casos en los que una mujer pueda necesitarlos. En principio, la menopausia, al no ser enfermedad alguna, no requiere tratamiento.

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Dar̩ lo que quieres que Te d̩ РRomanos 12:1 РEne 23

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Daré lo que quieres que Te dé

Dios amó tanto al mundo que dio a Su único hijo para nuestra salvación. El dar está en el corazón mismo de Dios para Su pueblo. El amor de Dios está tan entrelazado con el dar que es imposible pensar en uno sin el otro. Seguir a Jesús nos llevará a lugares de dar que nunca hemos experimentado antes.

Jesús era muy consciente de la atracción magnética del dinero y tenía un mensaje radical para nosotros: «Nadie puede servir a dos maestros, ya que odiará a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y despreciará al otro. No puedes servir a Dios y al dinero» (Mateo 6: 24). La búsqueda de dinero es una fuerza poderosa dentro de nosotros y puede impedir que sigamos a Dios por completo.

¿Cómo superamos una tentación tan fuerte?

Lo logramos al deshacernos de ella, y al igual que otros aspectos de esta oración, en última instancia es un problema del corazón. Nunca se nos dice que tener dinero esté mal o sea malo. Es el amor por el dinero lo que sí es el problema. Todo lo que tenemos en realidad le pertenece a Él. Se nos ha dado una gestión a corto plazo de los bienes de Su reino, para invertir en aquellas cosas que honran Su nombre. 

Así que nada de lo que tengo es realmente mío para hacer con ello lo que quiera.

Una de las lecciones para Israel mientras vagaban por el desierto durante cuarenta años era que Dios era fiel a Su promesa de proveer pan diario del cielo. Jesús nos pidió que orásemos por nuestro pan de cada día. Dios está velando y cuidando a Su gente. Él quiere que experimentemos Su provisión amorosa cada día de nuestras vidas. Esta experiencia nos ayudará a dar a Él y otros con alegría lo que Él quiere que demos: no sólo nuestro dinero, sino nuestras vidas.

Romanos 12: 1 dice que debemos «presentarnos (a nosotros mismos) como un sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, eso es (nuestro) culto racional». Esta imagen es del sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Debemos entregar toda nuestra vida en el altar ante Dios, incluido el dinero que ganamos.

Los donativos generosos fluyen de los corazones generosos de gratitud a Dios. 

Tómate un tiempo para considerar una causa o persona que Dios está poniendo en tu corazón para ayudar económicamente o con tu tiempo.

¿Darás lo que Dios quiere que des hoy?

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MEDITACIÓN DIARIA