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Esperando en Dios: Día 3 – Proverbios 3:5-6 – Jul 26

Los Ídolos que Estorban Tu Fe

Mientras dirigimos nuestro enfoque al Padre y esperamos pacientemente que Su voluntad nos sea extensamente abierta a nuestras vidas, podemos descubrir que hay muchas cosas que impiden que profundicemos nuestra relación con Dios y ejerzamos nuestra fe en Él.

Estas fortalezas o ídolos son muy imperceptibles. Nos roban nuestras vidas disimuladamente, echando raíz en tus emociones y estos llegan a ser más importantes que Dios para ti.

Nadie puede identificar un ídolo a excepción del Señor … y Él ve tu corazón claramente. Cualquier cosa que compite por tu total devoción a Dios es un ídolo en tu vida. Entonces, ¿qué hay dentro de ti? ¿qué son esas cosas, ocultas de ti o conocidas por ti, que impiden que esperes pacientemente para que la voluntad del Señor se manifieste en tu vida? Pídele a Padre que te los revele. Él ha prometido que será fiel al mostrarte si es que hay y dónde hay un ídolo. Pero ten mucho cuidado de no extinguir lo que Él te revele. Si el Señor pone Su dedo en algo en tu vida, entonces haz que tu mente se ocupe de eso inmediatamente.

Aquí hay algunos ídolos comúnes en nuestras vidas:

  1. Nuestro Propio Entendimiento: A menudo perdemos enfocarnos en el Padre cuando no entendemos completamente lo que está pasando, así que analizamos una y otra vez nuestras situaciones, escudriñándolos incesantemente por todos los ángulos que podemos imaginarnos. Cuando los eventos no pasan de la manera que esperamos, nos sentimos desalentados y desilusionados. No caígas en esta trampa. Dios, con toda claridad, te manda a que confíes en Él y no en tu propio entendimiento (Prov. 3:5-6).
  2. Una Sensación de Seguridad: No nos gusta estar fuera de control o confiar nuestro futuro a Alguien que no vemos. Preferimos un sueldo fijo, recursos confiables, y resultados predecibles. Así que cuando tenemos que esperar, ver que nuestras facturas se acumulan, o encontrarnos con amenazas que retan nuestro sentido de bienestar, nuestra inseguridad cultiva una desconfianza peligrosa hacia el Padre.
  3. Metas y Sueños: Somos llevados a alcanzar nuestros objetivos y metas diarias que nos olvidamos de la vida eterna que nos ha sido dada (Juan 17:3) y todas las buenas cosas que el Señor se ha propuesto para que nosotros logremos hacerlo realidad. Nuestros sueños llegan a ser un ídolo que son más importantes que lo que el Padre desea hacer en nosotros y a través de nosotros.
  4. Relaciones: Ciertas relaciones en nuestras vidas llegan a ser ídolos en nuestras vidas. No importa cuanto intentes enfocarte en el Padre, tu atención vuelve a esta persona o grupo de personas. Los sentimientos de rechazo, miedo, baja autoestima o amargura continúan apareciendo debido a tus circunstancias y últimamente te alejan de Dios, no hacia Él.
  5. El Pasado: Las relaciones pasadas pueden llegar a ser obstáculos en nuestra relación con Dios. Cuando cosas terribles suceden, la respuesta humana es preguntarse de por qué el Padre permitió que suframos. Cuando otras personas nos lastiman, cuando pensamos en no perdonar, o cuando permitimos que el maltrato que recibimos de otras personas formen nuestra percepción como vemos al Padre, todo esto puede llegar a convertirse en ídolos en nuestras vidas, debilitando nuestra fe en Él mientras esperamos.
  6. Pasatiempos: Nuestros pasatiempos y formas preferidas de entretenimiento también pueden competir con nuestra relación con Dios y nuestra fe en Él. Aunque aficiones como los deportes, ir de compras, la televisión, hacer ejercicios, las redes sociales, y otros intereses no son necesariamente malos en sí mismos, pero si le pones más atención que al Señor, entonces realmente hay un problema.

Recuerda:

Cualquier cosa que le des al Señor, tendrás más y mejor de regreso. Lo he visto en mi propia vida y puedo decir con toda seguridad que puedes confiar en cualquier cosa que te pida el Padre. Así que abre tus manos y permite que tu Padre celestial tenga a lo que te estás aferrando. Cuando pones toda tu fe y confianza en Él, invitándolo a que sea el número uno en tu vida, las bendiciones se derramarán más allá de todo entendimiento, y hará que tu tiempo de espera en Él sea mucho más fácil y muy fructífero.

Citas Bíblicas para estudiar:

Proverbios 3:5-6
Juan 17:3

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA

Deja de hacer el mal РG̩nesis 3:8 РEne 6

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Nadie te ha hecho más daño en tu vida, que tú. Sé que hoy por hoy, es genial echarle la culpa a otra persona, lo ha sido durante mucho tiempo. La práctica se remonta a Génesis. «Bueno, ¿quién te dio la manzana? Mi esposa lo hizo». «¿Quién te dio la manzana? Lo hizo la serpiente». «¿Quién hizo el manzano? Dios lo hizo». La culpa no es mía. Pero de alguna manera, se comió la fruta.

¿Sabes cuál es el asesino número uno en los Estados Unidos? Cada año, 610.000 personas mueren de enfermedades del corazón. Una de cada cuatro muertes, se debe a una enfermedad cardíaca. Es la principal causa de muerte tanto para hombres como para mujeres. Nos estamos muriendo de enfermedad cardíaca porque estamos comiendo un montón de basura. Adán y Eva comieron la manzana.

Estamos muriendo físicamente, pero también estamos muriendo espiritualmente. Dios tiene la solución. Le dijo a la gente de Judá que dejaran de hacer lo malo y comenzaran a hacer lo bueno.

Deja de hacer el mal. Si no está glorificando a Dios, si no te está dando pasión por él, si no lo harías frente a tu mamá o tu papá, si no quieres que todos lo sepamos, ¡detente! Deja de mirar eso, de hacer aquello, de ir allí, de actuar así, de pensar en eso. Solo déjalo. Solo para de hacerlo. Así es como comienzas a vivir un corazón sano: deja de hacer el mal. John Owen, un teólogo reformado, lo dijo así: «Mata el pecado o te matará a ti».

Jesucristo murió en la cruz para pagar nuestros pecados. Confía en él y su sangre te hará puro a los ojos de Dios. El cristianismo es un intercambio. Tomas tu corazón feo y lo cambias por la justicia de Cristo. ¿Has hecho un intercambio con Jesús? ¿Has nacido de nuevo?

El pecado trae muerte y el amor trae vida. Si vamos a vivir con corazones sanos, si vamos a hacer la diferencia, debemos arrepentirnos del pecado y dejar de hacer el mal. Solo entonces podemos caminar con Dios.

Señor, me arrepiento por mi pecado. Ayúdame a tener mi corazón saludable. 

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MEDITACIÓN DIARIA

Encontrando la Paz: Día 9 – Colosenses 3:2 – Feb 18

Aprendiendo a vivir con satisfacción

Para vivir con satisfacción interior, el enfoque completo de tu vida debe ser el Señor Jesucristo.

He tenido períodos cortos en mi vida en los que un problema o situación en particular me causaba noches de sacudidas y vueltas, hora tras hora, sin poder dormir. Descubrí que lo mejor que puedo hacer cuando parece que no puedo dejar de pensar en un problema, una conversación o una crítica en particular, es levantarme de la cama, arrodillarme y clamar a Dios: «Por favor ayúdame a través de esto. Ayúdame a concentrarme solo en Ti».

El sueño llega cuando mi enfoque está en el Señor y en cómo Él me haría pensar o responder en mis emociones a una situación particular. El sueño es difícil de alcanzar cuando permito que mi enfoque cambie hacia lo que otros han dicho, todas las cosas que podrían suceder o la dificultad de un desafío que se avecina. La elección es bastante simple: piensa en el Señor y en Su abundante provisión, protección y amor, o piensa en todas las personas y circunstancias que intentan robarle la provisión, destruir tu vida o acumular odio sobre ti.

Pensar en el Señor trae paz a una persona. Pensar en cualquier otra cosa suele ser un atajo para la ansiedad, el miedo o la preocupación.

Cuando te enfocas en el Señor, es importante que lo veas como si estuviera en tu situación contigo, justo en ese momento. Demasiadas personas piensan que Dios está lejos. No ven a Dios como accesible o disponible para ellos en la inmediatez de sus vidas. La verdad es que Él está presente con nosotros en cada momento de cada día.

Puedo recordar el lugar más tranquilo en el que he estado: el Mar de Galilea. Hace años, estaba en un lugar junto al mar que me parecía la definición misma de paz y tranquilidad. Sin embargo, en el mundo de hoy, la mayoría de las personas probablemente no piensen que esa área es pacífica. Está a sólo unas pocas docenas de millas de Siria y a Líbano desde allí. La gente tiende a pensar en Israel como un lugar conflictivo en el mundo, un lugar donde prácticamente no hay paz.

Pero sentí gran paz allí. ¿Por qué? Porque sentí al Señor allí. Sentí Su presencia.

Es fácil para mí cerrar los ojos y ver al Señor caminando a mi lado a lo largo del Mar de Galilea. También me resulta fácil y beneficioso imaginar al Señor caminando a mi lado en una cantidad de hermosos entornos naturales que he experimentado en todo el mundo.

No son estos entornos los que dan paz. Es la conciencia de Dios que siento en mi corazón cuando estoy en estos entornos lo que produce paz. Es ese sentido de «Dios conmigo» el que es importante para mí recuperar, visualizar, ver con ojos espirituales, cuando los tiempos de problemas golpean mi vida.

Amigo, no importa dónde se encuentre en un momento dado, Jesús es la fuente de tu satisfacción. Mira al Señor caminando contigo en paz. Siente Su presencia. Toma conciencia de Su asombroso poder y autoridad sobre tu vida. Cuando por fe entres en una relación personal con Cristo, viviendo con la seguridad de Su presencia y provisión en tu vida, te prometo que experimentarás la verdadera paz.

Citas Bíblicas para estudiar:

Colosenses 3:2
Deuteronomio 31:8

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA

DECISIONES: ¿Cómo sé que lo estoy haciendo bien?

A menudo nos encontramos frente a situaciones en las que creemos que hay que elegir entre «ésto o aquello», y la decisión, planteada de esta manera, nos hace sufrir. Pero ¿qué pasaría si nos decidiéramos por «ésto y aquello»?.
Desarticular las falsas disyuntivas, aprender a integrar las opciones en vez de reducirlas, nos abre la puerta a una vida más enriquecedora.

Para mí, las cosas son blancas o negras; no grises». «¿A quién quieres más, a tu papá o a tu mamá?» «O estás con ellos o estás con nosotros, decídete». «Si trabajo, no puedo estudiar; si estudio, no puedo trabajar». ¿Has dicho o escuchado alguna vez alguna de estas frases? Quien más quien menos, todos conocemos estos planteamientos.

Sin darnos cuenta, vivimos inmersos en afirmaciones o creencias de este tipo, que revelan cómo vivimos y nos relacionamos, cuál es nuestra actitud en el el mundo. Este tipo de preguntas o afirmaciones nos coloca ante dos opciones posibles que parecen siempre contradictorias, obligándonos a elegir una de ellas. Y tras la elección, nos sentimos incómodos, invadidos por la culpa, la incertidumbre o el descontento. ¿Habremos elegido bien? ¿Estarán conformes con nuestra decisión? ¿Lo estamos nosotros?

Los términos de la polaridad se necesitan, se relacionan y crean significados nuevos que son más que la suma de las partes.

Enredados en estas dudas, se nos escapa una idea: quizá no se trata de elegir sino, acaso, de integrar. Decía Carl Jung, el padre de la psicología profunda, que todo aquello que puede ser nombrado lo es porque conocemos su opuesto. Nada significaría el placer sin el dolor, el día sin la noche, el frío sin el calor, el amor sin el rencor, la esperanza sin la desazón…

¿Estamos condenados a elegir?

Cuando dices que para ti las cosas son blancas o negras, ¿no te estás perdiendo el gris con toda su riqueza? ¿No puedes querer a tu mamá y a tu papá de manera distinta, pero con igual intensidad? Muchas veces, entre “ellos” y “nosotros” puedes encontrar un punto que te permita dialogar con ambos; no serás un tibio ni un indeciso, sino alguien que ha aprendido a pensar por su cuenta y a elegir bajo su propia responsabilidad. Si trabajas mientras estudias, seguramente deberás esforzarte más, pero sin duda enriquecerás tu experiencia de vida.

Como en estos casos, tropezamos a cada momento con falsas opciones que, en lugar de ampliar nuestras posibilidades existenciales, las estrechan. Algunas tienen que ver con nuestro trabajo, otras con nuestros afectos y vínculos, otras con nuestras costumbres, otras con los lugares que habitamos… No podemos estar en dos sitios a la vez. Tampoco es posible amar con igual compromiso y presencia a dos parejas. Ni comprar dos cosas con el mismo dinero. Tanto en estos casos como en los anteriores, nos enfrentamos a un ejercicio que nadie puede realizar por nosotros: el de decidir.

Decidir, esa es la cuestión

Decidir significa ceder para tener. Estamos obligados a establecer prioridades, a explorar nuestras verdaderas necesidades (diferenciándolas de nuestros gustos, deseos o caprichos) con el fin de saber qué hemos de postergar o abandonar cuando todo no es posible. Esta acción dará valor a nuestra elección, pues, para hacer lo que hacemos –o tener lo que tenemos–, a veces hemos tenido que ceder o aplazar otras cosas.

¿Pero qué ocurre si estamos ante una polaridad en la que los términos no se excluyen? En este caso, también hay que decidir. Y lo primero será decidir si aceptamos el falso dilema que se nos manifiesta o si, de lo contrario, nos negamos a ello e intentamos integrar lo que se presenta como opuesto.

Si lo examinamos con calma, descubriremos cuántas veces dos opciones que parecen incompatibles, en realidad, no lo son.

Ya hemos visto lo del amor a papá o a mamá, lo del negro o blanco, lo de “ellos” o “nosotros”. Pero también podemos pensar en otras falsas opciones: trabajar o cuidar a los niños, dedicarnos a nuestra profesión o a una afición, engordar o pasar hambre, faltar a un compromiso que nos exige demasiado tiempo o disgustar a quien lo organiza, pasar la fiestas navideñas en casa de una familia o de la otra, retomar una vocación aplazada o seguir donde estamos…

La trampa de todos estos enunciados está en la palabra “o”. Es posible trabajar y cuidar a los niños, ejercer nuestra profesión y desarrollar una afición, cuidar la salud y a la vez comer gustosamente, acudir a un compromiso solamente por el tiempo que nos sea posible y aclarárselo a quien corresponda, las fiestas se pueden celebrar en un lugar neutral, las vocaciones postergadas pueden ser retomadas, aunque, claro está, deberemos hacerlo adaptándolas al tiempo y a las condiciones actuales…

Si aprendemos a detectar los falsos dilemas, podremos integrar las dos opciones en un punto de armonía y crecimiento.

Es preciso remplazar la “o” por la “y”. Evidentemente, esto significa ejercer la responsabilidad sobre la propia vida. La “o”, aun cuando parece más firme y sólida, nos empobrece. Bajo la apariencia de quitarnos un problema y un trabajo de encima, nos somete a la insatisfacción. Cuando, en lugar de en “o”, pensamos en “y”, empezamos a trabajar para integrar cosas que parecen incompatibles.

Esto lleva más tiempo y esfuerzo, pues nos exige aprender a discriminar para saber qué incluir y qué quitar. Pero elimina la falsa disyuntiva y, a cambio, nos propone encontrar el punto de armonía entre los opuestos. Ese es un punto de crecimiento. No siempre es una cosa o la otra. Muchas más veces de las que nos damos cuenta, es una cosa y la otra. Se trata de que nuestras decisiones, elecciones y acciones sumen. Pero nadie puede sumar por nosotros. Y es nuestra tarea aprender a hacerlo.

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MENTE SANA â€“ SALUD

Enséñale a tu hijo la pasión de leer

El lenguaje simbólico, el que hablamos, es el que nos hizo humanos y el que nos sigue humanizando en nuestro proceso evolutivo. Se le calcula una antigüedad de 400.000 años. La escritura, en cambio, es, en comparación, una adquisición casi contemporánea. Se le calcula una antigüedad no mayor de 6.000 años.

La base fundamental para la adquisición de la lectoescritura es el lenguaje hablado. Se considera que la edad media para adquirir el lenguaje hablado son los dos años y medio. Esta destreza se adquiere mediante un proceso de inmersión lingüística estimulado fundamentalmente por la madre. Por eso se la denomina lengua materna.

Es conveniente que la madre hable con su bebé desde el mismo momento de la gestación y, en especial, a partir del nacimiento. El bebé no comprenderá inmediatamente el significado de las palabras pero su repetición le permitirá ir descubriendo su sentido.

¿Cuándo deben aprender a leer los niños?

Pedagógicamente se considera que el aprendizaje sistemático de la lectoescritura no debería iniciarse antes de los seis años, consideración que se vulnera en muchos centros de educación infantil de nuestro país.

En los países escandinavos, la educación infantil se extiende hasta los seis años y el aprendizaje sistemático de la lectoescritura no se inicia hasta el primer curso de primaria, a los siete años. Estos países ocupan los primeros puestos en aprendizaje y resultados escolares, mientras que el nuestro está a la cola.

Las consecuencias de esta situación son graves porque el aprendizaje de un niño, su capacidad de adquisición de conocimientos, de pensamiento y de cultura, incluida la correspondiente a la etapa adulta, van a depender de la lectura.

¿Debemos enseñar a leer a los niños?

Si nosotros debemos enseñarles, ellos deben aprender; y si se enfrentan a ello como una obligación, les matamos el deseo.

Con nuestra ayuda, el niño aprende a leer solo. ¿Qué podemos hacer para conseguir niños lectores? Ser lectores nosotros.

Para aquellos niños y niñas en cuyas casas no exista el hábito de lectura, les será más difícil adquirirlo. No obstante, también pueden encontrar modelos identificatorios para la lectura en otras personas de la familia o en profesores que les transmitan este entusiasmo.

Los padres que sienten amor por la lectura basta con que se lo transmitan a sus hijos. Leer como una conquista, como un premio, como un privilegio.

Los docentes que no sientan pasión por la lectura que se dediquen a otras tareas. A un docente le exigiría, en primer lugar, amor por los niños, luego paciencia y respeto por su diversidad y ritmo y, en tercer lugar, pasión por la lectura. Llegar a clase con un libro o un periódico y contarles a los alumnos algo de lo sorprendente y maravilloso que hayan descubierto y aprendido.

Gloria Gorchs, bibliotecaria especialista en educación infantil y juvenil, escribe que “el papel que deben desempeñar los padres es, sin duda, clave. No siempre es cierto, pero en las familias donde existe una fuerte tradición de lectura y los niños crecen rodeados de libros, estos suelen tener una predisposición diferente delante del libro”.

Los niños aprenden a leer solos

Aprenden a leer como aprenden a hablar, con la participación de los adultos con los que interaccionan.

No les hagamos sentir la lectura como una exigencia. No les corrijamos los errores. Ni cuando hablan ni cuando leen. Están creando un síntoma y no lo van a resolver por nuestra corrección, que los desalentará. Ni crítica ni corrección. Amor, paciencia, respeto, comprensión y nuestro entusiasmo y pasión por la lectura.

Los pedagogos infantiles Bruno Bettelheim y Karen Zelan señalan, en Aprender a leer, que “no es extraño que las mentes de los niños respondan con mayor facilidad a la poesía y que esta sea lo que mejor les motiva para aprender a leer. No es ni más ni menos que otra prueba de que a los niños se les debería enseñar utilizando textos que ellos encuentren dignos de su atención y de sus esfuerzos más resueltos”.

Las actividades lúdicas en las que números, letras y palabras escritas desempeñan un papel en los juegos forman parte de la vida del niño desde que adviene a lo simbólico y comienza a distinguir iconos y marcas comerciales, por ejemplo en los envases de los alimentos y en la publicidad.

El psicólogo Howard Gardner escribe que “el aprendizaje del primer lenguaje sigue siendo el ejemplo más espectacular del temprano aprendizaje de nuestra especie al que los maestros miran con mayor envidia”.

Con anterioridad, el psicólogo Jean Piaget había afirmado:“Todo lo que se le enseña a un niño se le impide inventarlo”.

El lenguaje leído y el escrito son consecuencia directa del lenguaje hablado

En el aprendizaje de la lectura hay algo previo al significado (lo que la iguala al aprendizaje del lenguaje) y es el sonido. Tanto al hablar como al leer, al niño le divierten los encadenamientos de palabras por su sonido, más allá de su significado.

Por eso, la poesía puede ser una buena forma de iniciar al niño en la lectura. Como cuenta el escritor Gabriel García Márquez, él decidió que sería escritor a los seis años, cuando se enamoró embelesadamente de su maestra, que les enseñó el placer de la lectura recitándoles poesía.

Para poder ayudar al alumno en el aprendizaje de la lectoescritura es determinante que el texto estimule al niño en su actividad descubridora y exploradora. Que el contenido y la forma del texto estimulen su deseo de leer. Que lo impulse a demandar la ayuda del adulto para descifrar las palabras cuyo significado le permitirá, por ejemplo, desentrañar la respuesta a las acuciantes preguntas que se formula o a la marcha y el desenlace de las aventuras de los personajes.

La magia de la transmisión de la lectura consiste en conseguir que el niño descubra que en lo que lee encontrará las respuestas a las preguntas que sostienen su curiosidad.

El texto de lectura no tiene por qué ser común, lo más estimulante sería que cada niño pudiera elegir sus textos de lectura.

  • Un texto que describe a una familia tópicamente feliz en la que la mamá y el papá se quieren, se comunican y se respetan, no será estimulante para un niño que vive una situación de violencia doméstica o que no tiene papá o mamá.
  • Tampoco será estimulante que el aprendizaje de la lectura sea con textos que, por insistir en lo cotidiano, no proporcionen nuevos conocimientos.

El niño requiere estímulos para hacer el esfuerzo de renunciar al placer lúdico más inmediato. En él no funciona la promesa de un futuro mejor.

El estímulo que conduce al aprendizaje de la lectura tiene que encontrarlo en el contenido del texto, en la sorpresiva conquista de un último significante que le desvele el sentido de un descubrimiento o de un misterio, que le produzca la satisfacción de haber llegado a ello y le despierte las ganas de compartirlo.

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BEBE Y MAMA– FAMILIA â€“ MATERNIDAD â€“ MENTE SANA

Sé Sabio: Día 2 – 1 Corintios 1:30 – Ene 25

¿Cómo obtener sabiduría?

¿Quieres ser una persona sabia? ¿Te gustaría hacer decisiones sabias en los negocios? ¿Te gustaría tomar decisiones sabias en tu familia? Todos nosotros queremos sabiduría, pero ¿qué queremos decir con sabiduría? Sabiduría es la capacidad de entender para vivir adecuadamente. No al azar, sino con la hábil guía de Dios. Yo quiero criar a mis hijos de manera hábil. Yo quiero ser un esposo competente. Yo quiero ser un hábil pastor de la iglesia. Yo quiero ser un amigo apto con mis amistades. Los estudiantes deberían ser hábiles en la manera en que interactúan en la escuela. De eso se trata la sabiduría. ¿Así que, cómo la obtenemos? Veamos en el libro de Proverbios, donde el rey Salomón nos invita a tomar sabiduría y entendimiento, y no olvidar sus Palabras o alejarnos de ellas. Él nos invita a obtener sabiduría. Hay tres maneras en las que podemos adquirir sabiduría.

Número uno, adquieres sabiduría del Señor

Ese podría ser todo el mensaje y tú podrías no necesitar nada más. Obtenemos sabiduría de él cuando leemos las Escrituras, porque sabemos que hay algo mayor y más significativo que nosotros necesitamos saber. Algo que no es terrenal porque viene del cielo. Así que oramos por sabiduría, leemos sobre sabiduría, pedimos sabiduría, pensamos sobre la sabiduría. Por otra parte, haciéndolo creceremos en Cristo y mientras crecemos en Cristo, crecemos en el conocimiento de él. Por consiguiente, es esencial invertir tiempo con la Palabra de Dios: leerla, estudiarla y memorizarla, porque el Señor nos da sabiduría y de su boca viene el conocimiento y entendimiento. 

Cuando Jesús era un niño, creció y fue lleno de sabiduría y ahora él ha venido a ser, para nosotros, sabiduría de Dios. Así, en primer lugar, donde debemos ir por sabiduría es el Señor. Santiago nos aconseja pedir sabiduría porque Dios la da generosamente a todos y que es algo que debemos hacer cada día. Yo he pedido al Señor cada día sabiduría, creo que lo he olvidado algún día. Cuando he hecho malas decisiones, porque todavía soy humano, me mantengo orando a Dios por sabiduría y liderazgo, porque yo quiero que me guíe y quiero ser un buen líder en mi familia y en la iglesia. Incluye esto en tu lista de oración: sabiduría y liderazgo.

Citas Bíblicas para estudiar:

Proverbios 2:6
Proverbios 4:5
Lucas 2:52
1 Corintios 1:30

Amén

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MEDITACIÓN DIARIA

17 de Abril: Día Mundial de la Hemofilia

Cada 17 de abril se conmemora el Día Mundial de la Hemofilia, una de las enfermedades más extrañas del mundo.

¿Qué es la Hemofilia?

La hemofilia es un trastorno hemorrágico hereditario en el cual la sangre no se coagula de manera adecuada. Esto puede causar hemorragias tanto espontáneas como después de una operación o de tener una lesión.

La sangre contiene muchas proteínas, llamadas factores de la coagulación, que ayudan a detener la hemorragia. Las personas con hemofilia tienen bajos niveles del factor de la coagulación VIII (8) o del factor de la coagulación IX (9). La gravedad de la hemofilia que tiene una persona está determinada por la cantidad del factor en la sangre. Cuanto más baja sea la cantidad del factor, mayor será la probabilidad de que ocurra hemorragia, lo cual puede llevar a serios problemas de salud.

Causas

La hemofilia es causada por una mutación o cambio en uno de los genes que da las instrucciones para producir las proteínas del factor de la coagulación necesarias para formar un coágulo de sangre. Este cambio o mutación puede hacer que las proteínas de la coagulación no funcionen correctamente o que directamente no estén presentes. Estos genes se localizan en el cromosoma X. Los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y (XY) y las mujeres tienen dos cromosomas X (XX). Los hombres heredan el cromosoma X de sus madres y los cromosomas Y de sus padres. Las mujeres heredan un cromosoma X de sus madres y un cromosoma X de sus padres.

El cromosoma X contiene muchos genes que no están presentes en el cromosoma Y. Eso significa que los hombres tienen solo una copia de la mayoría de los genes del cromosoma X, mientras que las mujeres tienen dos copias. Por lo tanto, los hombres pueden tener una enfermedad como la hemofilia si heredan un cromosoma X afectado que tenga una mutación en el gen del factor VIII o del factor IX. Las mujeres también pueden tener hemofilia, pero esto es mucho menos frecuente. En esos casos, los dos cromosomas X se ven afectados, o uno es afectado y el otro no está presente o está inactivo. En estas mujeres los síntomas de la hemorragia pueden ser similares a los de los hombres con hemofilia.

Una mujer con un cromosoma X afectado es una “portadora” de hemofilia. A veces una mujer que es portadora puede tener síntomas de hemofilia. Además, puede transmitir el cromosoma X afectado por la mutación del gen del factor de coagulación a sus hijos. 

Aunque la hemofilia no sea hereditaria, en algunas familias no hay antecedentes médicos previos de hemofilia. A veces, hay mujeres portadoras en la familia, pero, simplemente por casualidad, no hay varones afectados. Sin embargo, a veces un bebé con hemofilia es el primero en la familia que se ve afectado por una mutación en el gen del factor de la coagulación.

La hemofilia puede causar:

  • Hemorragia dentro de las articulaciones que puede llevar a la enfermedad articular crónica y dolor
  • Hemorragia en la cabeza y a veces en el cerebro, lo cual puede causar problemas a largo plazo, como convulsiones y parálisis
  • La muerte puede ocurrir  si la hemorragia no se logra detener o si se produce en un órgano vital como el cerebro.

Tipos

Hay varios tipos diferentes de hemofilia. Los dos siguientes son los más comunes:

  • Hemofilia A (hemofilia clásica)
    Este tipo es causado por una falta o disminución del factor de la coagulación VIII.
  • Hemofilia B (enfermedad de Christmas)
    Este tipo de hemofilia es causado por una falta o una disminución del factor de la coagulación IX.

Signos y síntomas

Los signos comunes de la hemofilia incluyen:

  • Hemorragias en las articulaciones. Esto puede causar hinchazón y dolor o rigidez en las articulaciones; frecuentemente afecta las rodillas, los codos y los tobillos.
  • Hemorragias debajo de la piel (moretones) o en los músculos y los tejidos blandos, que provocan una acumulación de sangre en el área (hematoma).
  • Hemorragias en la boca y las encías, y hemorragias difíciles de detener después de que se caiga un diente.
  • Hemorragia después de la circuncisión (cirugía que se realiza a los bebés varones para quitarles la piel que recubre la punta del pene, llamada prepucio).
  • Hemorragias después de recibir inyecciones, como las vacunas.
  • Hemorragia en la cabeza del recién nacido después de un parto difícil.
  • Sangre en la orina o en las heces.
  • Hemorragias nasales frecuentes o difíciles de detener.

A quiénes afecta

La hemofilia se presenta en 1 de cada 5000 bebés varones. La hemofilia A es casi cuatro veces más común que la hemofilia B y aproximadamente la mitad de las personas afectadas tienen la forma grave de la enfermedad. La hemofilia afecta a las personas de todos los grupos raciales y étnicos.

Diagnóstico

Muchas personas que tienen o han tenido familiares con hemofilia piden que a sus bebés varones se les haga una prueba de detección de la enfermedad poco después del nacimiento.

Cerca de una tercera parte de los bebés que reciben un diagnóstico de hemofilia tienen una nueva mutación que no está presente en otros familiares. En esos casos, si un recién nacido muestra ciertos signos de hemofilia, el médico podría hacer pruebas para detectar la enfermedad.

Para realizar un diagnóstico los médicos harían ciertos análisis de sangre para ver si la sangre se coagula adecuadamente. Si no coagula correctamente, entonces harían pruebas del factor de la coagulación, también llamadas pruebas del factor, para diagnosticar la causa del trastorno de la sangre. Estos análisis de sangre mostrarían el tipo de hemofilia y el nivel de gravedad.

Tratamiento

La mejor forma de tratar la hemofilia es mediante la reposición del factor de coagulación que falta, para que así la sangre se pueda coagular adecuadamente. Esto se hace mediante la infusión (por vía intravenosa) de concentrados del factor que se preparan comercialmente. Las personas con hemofilia pueden aprender a hacerse estas infusiones por sí solas para poder detener los episodios hemorrágicos y, al hacerlas de forma regular (llamado profilaxis), pueden hasta prevenir la mayoría de esos episodios.

La atención médica de buena calidad por parte de médicos y enfermeros que sepan mucho sobre este trastorno puede ayudar a prevenir algunos problemas graves. Con frecuencia, la mejor opción para recibir atención médica es un centro de tratamiento integral para la hemofilia (HTC, por sus siglas en inglés). Un HTC no solamente proporciona atención médica para tratar todos los problemas relacionados con el trastorno, sino que además ofrece educación sobre la salud que ayuda a las personas con hemofilia a mantenerse sanas.

Inhibidores

En algunas personas con hemofilia se produce un anticuerpo (llamado inhibidor) que no permite que los factores de coagulación puedan coagular la sangre y detener la hemorragia. El tratamiento de los episodios hemorrágicos se vuelve extremadamente difícil y el costo de la atención médica para una persona con un inhibidor puede aumentar muchísimo debido a que se necesitan más factores de la coagulación o un tipo diferente. Los pacientes con inhibidores con frecuencia presentan más enfermedad articular y otras complicaciones a causa de las hemorragias, lo cual resulta en una menor calidad de vida.

Los genes portan mensajes acerca de la manera en que las células del organismo se desarrollarán a medida que un bebé va creciendo hasta hacerse adulto. Estos, determinan, por ejemplo, el color de pelo y de ojos de una persona.

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SALUD â€“ SALUD DE LA A-Z â€“ SALUD NATURAL